Cuando llegó el momento de partir a la eternidad, la inmensidad de la bondad Divina nos ofreció el presente más grande y mejor de todos: instituyó el Sagrado Sacramento de la Eucaristía, Presencia Real del SEÑOR, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en el Hostia y en el Vino Consagrados. JESÚS es el verdadero pan descendido del Cielo, comida para el alma, fuerza y inspiración para la humanidad en la caminata existencial, vínculo poderoso que une y congrega todos los fieles al rededor de un único Altar hasta la consumación de los siglos. San Mateo registró aquello inolvidable momento escribiendo las palabras que JESÚS habló: "Y comiendo ellos, tomó JESÚS el pan, y bendijo, y lo partió, y dio á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. Esto es MÍ Cuerpo. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; Porque esto es MÍ Sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados." (Mateo 26,26-28) San Marcos re...