LA CENIZA Y SU SIGNIFICADO

1.- Fugacidad

¿Qué es la ceniza? ¿Cómo se origina? Muchos niños y jóvenes de  nuestras
ciudades ya no sabrían contestar estas preguntas, a diferencia de sus
abuelos que cotidianamente cocinaban y templaban sus casas usando como
combustible elementos que una vez quemados, quedan reducidos a cenizas. Es
por eso que para nuestros mayores era evidente que la ceniza es un símbolo
transparente de la fugacidad y fragilidad de la existencia: la vida es tan
frágil que el fuego la reduce, en un abrir y cerrar de ojos, a un puñadito
de cenizas.  No sólo en el antiguo Israel, sino también en las culturas
egipcia, árabe y griega, el gesto de esparcir(se) cenizas sobre la cabeza
era expresión de profunda conmoción, congoja, queja y dolor ante una vida
(la de alguien cercano y amado, o/y la propia) hecha ‘polvo’, convertida en
polvo y cenizas.  Entendemos entonces la profundidad de la primera de las
fórmulas usadas en este día, al imponernos la ceniza y que retoma las
palabras del Señor-Dios a Adán: recuerda* *que* eres polvo y al polvo
volverás*.

2.- Purificación

Es natural que quien se interroga sobre la fugacidad de la existencia, ante
la certeza de la muerte, se pregunte igualmente sobre el sentido que ha dado
a su vida, repasando errores y horrores. Quien lo hace lealmente, descubre
sus pecados, límites y transgresiones. La ceniza ha sido desde antiguo un
símbolo del deseo de conversión, penitencia y purificación. Así vemos, por
ejemplo, que en el antiquísimo libro hindú de los Vedas, un viejo mito
relata como  Agni purificó todo su cuerpo con ceniza como expresión de sus
deseos de borrar hasta la más mínima huella de los errores cometidos. Los
antiguos romanos se bañaban con cenizas el día de año nuevo, para así
empezar el nuevo año con total pureza. En muchos de los hogares de nuestros
abuelos las cenizas eran usadas como un eficaz elemento de limpieza: una
lejía fabricada con cenizas diluidas en agua, es muy útil para el lavado de
la ropa y de la vajilla como también para la limpieza de los pavimentos de
la casa, ¡con la gran ventaja, nada desdeñable, de ser biodegradable!

3.- Cruz y cenizas

Como hij@s de nuestra madre, la Iglesia, comenzamos el itinerario cuaresmal
que nos llevará hacia la Pascua, dejando que se dibuje sobre nuestras
cabezas una Cruz hecha con ceniza. Ese signo en sí mismo habla claramente,
es como un sonoro y mudo grito pidiéndole a Jesucristo que nos purifique,
que purifique nuestro corazón. Jesús es el misericordioso amor de Dios
humanado, que asumió nuestra vida con toda su fugacidad. Jesús transformó
nuestro polvo,- ¡el de Adán! -, al ser clavado en la Cruz, transfigurando
este instrumento de  ignominia, odio y maldición en una señal de
reconciliación y bendición: Al inclinar nuestra frente para que se trace
sobre ella una bendita cruz de cenizas estamos sometiendo nuestra vida toda
al humilde magisterio de la Cruz*: nosotros anunciamos a Cristo
crucificado,…, poder y sabiduría de Dios para los llamados, judíos o
paganos. Pues la locura de Dios es más sabia que los hombres; y la debilidad
de Dios, más fuerte que los hombres*
(1Cor 1,22-25). **

4.- Fecundidad

El amor misericordioso manifestado en la Cruz invita a todos *a convertirse
y creer en la Buena Noticia del Evangelio* (Mc 1,15). La Cruz irradia todo
el amor misericordioso que Dios nos puso de  manifiesto en Jesús,
otorgándonos las fuerzas para reorientar nuestras vidas (es decir,
convertirnos). La ceniza no sólo es señal de la fugacidad y fragilidad de la
vida, ni sólo signo de dolor y penitencia, sino también señal de nueva
fecundidad. De una vida que es frágil y fugaz, pero,…, poseedora de una
inusitada fecundidad: en los viejos tiempos los campesinos usaban la ceniza
como el más excelente de los abonos, porque sabían que aumenta la fecundidad
de la tierra. El alto contenido en substancias minerales de la ceniza hace
que el trigo crezca con mayor abundancia, otorgando pan al hambriento…**

5.- Vida imperecedera e indestructible

Iluminados por este polifacético simbolismo de la ceniza podemos entonces
concluir que quien recibe la imposición de las cenizas, le está pidiendo a
Dios que su cuaresma sea un tiempo de conversión, purificación y fecundidad
espiritual. Hacemos memoria de la fugacidad de la vida (es decir, de la
muerte), pero para no olvidar que nuestra vida está llamada, en Cristo, a la
inusitada fecundidad de la Resurrección: *Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí, aunque muera vivirá* (Jn 11,25). *El que permanece en mí,
y yo en él, da mucho fruto *(Jn 15,5).

6.- Un poquito de historia

1.- *¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros
realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo
que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza* (Mt
11,21). ‘Vestirse con ropa áspera (cilicio) y cubrirse la cabeza con ceniza
es un gesto que en la Biblia expresa dolor, sufrimiento y penitencia (leer Jos
7,6 <http://alt.bibelwerk.de/bibel/at/josu007.htm#a5>; Dn
9,3<http://alt.bibelwerk.de/bibel/at/dani009.htm#a2>;
Est 4,1 <http://alt.bibelwerk.de/bibel/at/este004.htm#a0>; Judit
4,11<http://alt.bibelwerk.de/bibel/at/judi004.htm#a10>).
Sobre este telón de fondo se entiende la antigua costumbre eclesial que
prescribía a los pecadores públicos (aquellos que habían cometido alguno de
los tres grandes pecados [¡la “triple A”!]: asesinato, adulterio, apostasía)
y que deseaban comenzar su período de penitencia, que se “vistieran con ropa
de penitencia esparciendo ceniza sobre sus cabezas” mostrando así su
arrepentimiento (ese era un período que duraba muchos años y algunas veces
la vida entera). Esta costumbre está atestiguada desde el siglo 7º, aunque
sin duda es anterior. Al irse perdiendo la “penitencia pública” que fue
desapareciendo por su excesivo rigor, siendo finalmente reemplazada por la
“penitencia privada”, el rito de las cenizas quedó en pie como signo del
comienzo de la “penitencia cuaresmal” pero ya no únicamente para los
pecadores públicos y notorios, sino para todos los fieles. El papa Urbano II
llegó a afirmar en el año 1091, durante la celebración del sínodo de
Benevento  que la imposición de las cenizas era obligatoria para todos los
fieles. Ahora, casi 1000 años después, sigue siendo un rito hermoso e
impresionante con el cual expresar el comienzo de nuestro itinerario
cuaresmal, pero se trata de un rito que con toda libertad y amor podemos o
no realizar.

7.- Y otro poco de actualidad

En las últimos años, debido al “cambio climático” hemos vivido en los cinco
Continentes grandes inundaciones y terribles sequias, debido a las cuales
estallaron,- ¡o se hicieron estallar! -, incendios de dimensiones casi
apocalípticas, mostrándonos casas, campos y árboles reducidos a ceniza….

Pero nada tan fuerte como aquello vivido hace más de 20 años, cuando asistí
por primera vez a la cremación de un cadáver, viendo como en unos instantes
los despojos mortales de una persona corpulenta quedaban reducidos a un
puñadito de cenizas. Jamás antes había visto con tanta evidencia la verdad
de las palabras escuchadas cada Miércoles de Ceniza: *recuerda que eres
polvo y al polvo volverás;* palabras que son apenas la señal de partida que
nos ‘dispara’ hacia la Pascua, en la cual *el Señor saciará nuestros
anhelos, renovando, como el águila, nuestra juventud* (Ver Sal 103,5)* *

Pdre. Max Alexander

--
Hno. Fernando  Fortunato
Monasterio Benedictino Santa María de los Toldos.
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