San Agustín, ¿Interpretaba las Escrituras como los protestantes?, Por José Miguel Arráiz - ApologeticaCatolica.org

San Agustín, ¿Interpretaba las Escrituras como los protestantes?

Por José Miguel Arráiz

San Agustín

Introducción

Recientemente tuve la ocasión de platicar con un amigo protestante (bautista) que me afirmaba que varios padres de la Iglesia, entre ellos San Agustín, tenían posturas “protestantes”, especialmente en su interpretación de Mateo 16,18, la cual, según él, implicaban un rechazo a la interpretación católica actual sobre el primado de Pedro y el Papado.

¿Quién fue San Agustín?

San Agustín es considerado como uno de los más grandes padres de la Iglesia. Su influencia en la posteridad ha sido notable. El obispo de Hipona fue teólogo, filósofo, místico, poeta, orador, apologista y escritor.  Nacido en el 354 d.C, recibió una educación cristiana desde pequeño gracias a su madre, termina abandonando la fe católica a la edad de diecinueve años. Estudió a Hornensius, Cicerón y hasta prestó oídos a los maniqueos, terminando siendo un anticatólico convencido.  Luego de una larga lucha interior termina comprendiendo que es necesaria la fe para alcanzar la sabiduría, y que la autoridad en que se apoya la fe es la Escritura, avalada y leída por la Iglesia. Luego de haber opuesto a Cristo a la Iglesia, descubre que la senda para ir a Cristo era precisamente la Iglesia. El 391 es ordenado sacerdote y obispo el 395 (o el 396). Intervino  en las controversias contra los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos. Muere el 430, dejando tras de si una gran cantidad de obras, parte de un legado que perdura hasta hoy.

¿Qué importancia tienen los escritos de San Agustín?

Los escritos de San Agustín (así como los escritos de los padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos) son importantes no solo para los estudiantes de patrística y patrología sino para todo cristiano que le interese conocer a fondo pensamiento de la Iglesia en sus primeros siglos y su forma de interpretar las Escrituras. En virtud de estas circunstancias he querido estudiar los escritos de San Agustín, no solo, en cuanto a los puntos en que los protestantes suelen citarle, sino en su totalidad, para así hacer una comparación justa de su pensamiento.

San Agustín y el primado de Pedro

Los testimonios de San Agustín sobre el Primado de Pedro son bastante numerosos, sin embargo, algunos textos de San Agustín han sido sacados de contexto frecuentemente por protestantes para inducir lo contrario. Examinaremos algunos de estos textos y la visión global del santo sobre el tema.

San Agustín. Serm. 295; PL 38,1348-1352.

“San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo». El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos. En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro”

San Agustín también escribió: Cristo, como ves, edificó su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la confesión de Pedro. ¿Cuál es la confesión de Pedro? ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’. Aquí está la roca para vosotros, aquí el fundamento, aquí es donde la Iglesia ha sido construida, la cual las puertas del inframundo no pueden conquistar”

Cuando un protestante lee a San Agustín diciendo que la piedra sobre la que se edificará la Iglesia es la fe (confesión de Pedro), asume de manera automática que dicho texto implica un rechazo al primado Romano. Como veremos a continuación, el Catecismo Católico hace precisiones similares y no por eso significa que lo niegue. Esperemos que en 500 años no estén los protestantes citando el catecismo para intentar demostrar que los católicos del siglo XXI no creían en el Papado.

Ahora bien ¿Por qué creen que la interpretación de San Agustín presta apoyo a su rechazo al Papado? La razón es que al ser la fe "la Piedra" sobre la que Cristo edificó su Iglesia, intentan afirmar que todo aquel que confiese su a Cristo como hijo de Dios por revelación divina ya es Piedra sobre la que se edifica la Iglesia, y por lo tanto, la autoridad del Papa no sería mayor que la de cualquier cristiano creyente.

El catecismo de la Iglesia Católica explica la posición católica de la siguiente manera:

CIC 552 En el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

CIC 553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el Buen Pastor" (Jn 10, 11)  confirmó este encargo después de su resurrección:"Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien él confió explícitamente las llaves del Reino.

CIC 881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). "Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro" (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

Un análisis detallado de los textos de San Agustín demuestra que su postura, más que acercarse a la postura protestante, concuerda perfectamente con la posición católica. El reconoce a Pedro en virtud de la fe confesada por él como el primero de los apóstoles, como representante de la Iglesia entera, y portador de las llaves del reino de los cielos. Los obispos en comunión con él, también pueden atar y desatar (Nótese que el santo también relaciona, a diferencia de los protestantes, el poder de atar y desatar, con la autoridad de perdonar pecados).

Veamos ahora algunos textos adicionales de San Agustín que comparados con los otros, nos pueden dar una perspectiva real de la opinión del santo:

San Agustín. C. ep. Man. 4,5.

“Aún prescindiendo de la sincera y genuina sabiduría…, que en vuestra opinión no se halla en la Iglesia Católica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, confirmada por la antigüedad; la sucesión de los obispos desde la sede misma del apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó, después de la resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Católica, que son sin razón sólo la Iglesia ha alcanzado….Estos vínculos del nombre cristiano – tantos, tan grandes y dulcísimos- mantienen al creyente en el seno de la Iglesia católica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, aún no se muestra”.

En el texto anterior San Agustín demuestra ver diferencia entre la confesión de fe, con el ministerio del episcopado. No todos, por simplemente confesar la fe son obispos, tampoco todos son sucesores del apóstol Pedro en cuanto a su ministerio.

San Agustín. Ep. 53,2 

Si la sucesión de obispos es tomada en cuenta, cuanto más cierta y beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro mismo, aquel quien portó la figura de la Iglesia entera, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella!”. El sucesor de Pedro fue Linus, y sus sucesores en orden de sucesión  ininterrumpida fueron estos: Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, Pío, Sotero, Eleuterio, Victor, Ceferino, Calixto, Urbano, Ponciano, Antero, Fabián, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio, Felix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades, Silvestre, Marcos, Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesión, ningún obispo donatista es encontrado”.

Nuevamente aquí se ve lo mismo. Para el santo obispo de Hipona el ministerio concedido a Pedro lo desempeñaron específicamente los obispos de Roma en sucesión ininterrumpida. Luego de mostrar este texto a un amigo protestante, el me comentaba en forma testaruda: “Yo no veo allí ningún Papado”. Actitud singularmente obstinada, para quien lee un texto en donde ve hablando de la sucesión apostólica, de los obispos de Roma, su sucesión en el ministerio del apóstol Pedro, y si eso no fuera suficiente, la lista los Papas hasta Anastasio (El Papa de la época). ¿Qué más puede pedir? ¿Qué les conceda con el título de “Papa”?, pues eso también lo hace en innumerables ocasiones, las cuales sería muy laborioso contabilizar, conformémonos con tomar una de ellas: Sobre el pecado original (13 veces, en los capítulos 2,7,8,9). Allí se expresa con mucha reverencia sobre los pontífices y  se leen expresiones como “el más bendito Papa Zósimo en Roma”  (Capítulo 2), “el venerable Papa Zósimo” (Capítulos 8 y 9), “el más bendito Papa Inocencio” (Capítulos 8,10), “el más bendito Papa Zósimo”, “El santo Papa Inocencio” (Capítulo 9), “El santo Papa Zósimo” (Capítulos 10,19) y el Papa Inocencio de bendita memoria (Capítulo 19).

Hay evidencia adicional suficiente para estar seguros de ir contra la tendencia que propone le negación del primado a raíz de estas frases en los sermones del santo. Quienes piensan así tendrían que explicar si comparten con San Agustín que dijera que la iglesia de los donatistas no puede ser la verdadera por no ser católica, una, santa y apostólica, que quien se separa de la Iglesia sacrifica su salvación (Bapt 4,17.24). ¿Según esto basta la confesión de fe como fundamento para la edificación de la Iglesia?

A diferencia de la postura protestante, para San Agustín no hay motivo justo para efectuar la separación de la Iglesia y preparar la propia (secta), separada de ella (E. Cp Parm 2,11,25).  San Agustín ve en la Iglesia de Roma aquella “in qua semper apostolicae cathedrae viguit principatus [aquella en la que siempre ha estado vigente el principado de la cátedra apostólica (Ep 43,7)], afirmación que es un reconocimiento claro del primado de la Iglesia de Roma. Inclusive atribuye a las sentencias de Roma en materia de fe la máxima importancia, como por ejemplo, cuando combate al pelagianismo. Así, cuando San Agustín dice que las llaves la recibió no solo Pedro, sino toda la Iglesia, está defendiendo el primado no solo de él, sino de sus sucesores. “Sicut enim quaedam dicuntur quae ad apostolum Petrum propriae pertinere videantur, nec tamen habent illustrem intellectum, nisi cum referuntur ad Ecclesiam, cuius ille agnoscitur in figura gestasse personam, propter primatum quem in discipulis habuit (In Ps CVIII, t. XXXVII, col 1431) [Algunas cosas, se dice, parecen pertenecer propiamente al apóstol Pedro, pero (quienes así piensan) no tienen un entendimiento iluminado, pues se las ha de referir a la Iglesia, de la que se confiesa represento la figura en su persona a causa del primado que tuvo entre los discípulos].

Para San Agustín, por la comunión con la sede apostólica se tiene la adhesión a los apóstoles, y se está así en la verdadera Iglesia. Es de entender entonces que para él, el testimonio de la Iglesia de occidente le es sólo decisiva, ya que en occidente se encuentre la sede del príncipe de los apóstoles: “Puto tibi eam partem orbis sufficere debere, in qua primum apostolorum voluit Dominus gloriosissimo martyrio conorare. Cui Ecclesiae praesidentem beatum Innocentium si audire voluisses, iam tum periculosam iuventutem tuam pelagianis laqueis exuisses”. Contra Iulianum pelagianum, I, IV, 13 t. XLIV, col 648 [Considero que te debe bastar esa parte del orbe en la que el Señor quiso coronar al primero de los apóstoles con un martirio gloriosísimo. Si quisieras oír al beato Inocencio que es quien preside a esta Iglesia, librarías tu peligrosa juventud de las insidias pelagianas].

Adicionalmente vemos al obispo de Hipona, someter sus obras al Papa Bonifacio, no para instruirle, sino para solicitar su aprobación y censura si fuere necesario: “Haec ergo quae... respondeo, ad tua potissimum dirigere sanctitatem, non tam discenda quam examinanda, et ubi forsitan aliquid displicuerit emendanda, constitui” (Contra duas epist. Pelag. I, 1 t. XLIV, col 549-551) [Estas cosas que... respondo, he decidido dirigir de modo especial a tu santidad no para instruir sino para que sean examinadas, y donde tal vez haya algo que displiciera, sea enmendado]. Es de entender entonces porqué San Agustín hace también referencia al obispo de Roma como “El Obispo de la Sede Apostólica”.

Se ha hecho frecuente escuchar alegatos entre protestantes afirmando que San Agustín amenazó con excomulgar a quienes apelaran a Roma. Luego de investigar encontramos el origen de este argumento en un artículo de la web cristianismo-primitivo.org que no hace sino transcribir literalmente una porción del fraudulento discurso del obispo Strossmayer en el Vaticano I que dice "...siendo secretario del concilio de Melive, escribió, entre los decretos de esta venerable asamblea: "Todo fiel u obispo que apelase a los de la otra parte del mar, no será admitido a la comunión por ninguno en las Iglesias de Africa".

Es importante aclarar que el sacerdote católico Juan Sack luego de una investigación demostró que dicho discurso es una falsificación, y la mayoría de sitios de apologética protestantes lo retiraron ante la evidencia, sin embargo los artículos basados en él siguen circulando. Los detalles aquí: Algunas reflexiones sobre el famoso discurso del obispo Strossmayer. Con semejante fuente "primaria" lo más probable es que la cita de Agustín o sea falsa o sacada de contexto.

El articulo de cristianismo primitivo no se preocupó de verificar la fuente e incluso copia textualmente los errores ortográficos del fraudulento discurso (Escribe Mélive por Milevi). Lo que realmente ocurrió luego de los concilios de Cártago y Milevi fue que el mismo San Agustín escribió al Papa para que confirmara las decisiones de los susodichos concilios (411, 412 y 416) condenando el pelagianismo. Aquí fue donde el Papa Inocencio confirmó las decisiones de los concilios reservándose el deber de citar a Pelagio y Celestio, y de reformar, si era necesario, la sentencia de Dióspolis, donde condenó la doctrina incriminada en una carta conocida como "In requirendis" dirigida a los obispos que se reunieron en Cartago y de Milevi.

En dicha carta el Papa se alegra que se haya desenmascarado al pelagianismo y se haya recurrido a la sede de Roma para solucionar o confirmar las resoluciones, que puesto que la sede de Pedro goza de la autoridad vinculante.

Lo mejor de todo es que cuando San Agustín da a conocer al pueblo las decisiones de Roma, pronunció esta célebre frase:

“Iam de hac causa duo concilia missa sunt ad sedem apostolicam: inde etiam rescripta venerunt. Causa finita est, utinam aliquando finiatur error”

La cual podría traducirse como:

“Ya por este motivo se han enviado dos misivas a la sede apostólica y también de allí han venido dos rescriptos. La causa ha terminado para que finalmente termine el error” . Sermo 131,10,10; Ep 1507.

Imposible bajo el sentido común imaginar un San Agustín rechazando el Papado pero apelando a su autoridad y declarando una disputa concluida en base a sus rescriptos.

Otro argumento frecuentemente escuchado lo tenemos a un evento que sucedió después cuando luego de que el Papa Zósimo sucediera al Papa Inocencio (que muriera en el 417). Ocurrió que Pelagio y Celestio enviaron apelaciones a la Sede Romana (sorprendentemente hasta los herejes reconocían la autoridad de la sede apostólica evidenciada en estas apelaciones). Las decisiones del Papa Inocencio I habían sido contundentes pero Zósimo quería comprobar si realmente Pelagio y Celestio habían enseñado las doctrinas condenadas como heréticas. Acusan aquí entonces al Papa Zósimo de haber aprobado el pelagianismo y sido magnánimo con los herejes y a San Agustín de resistirle. Comparto una muy detallada explicación que da la enciclopedia católica sobre los hechos:

Enciclopedia Católica. Pelagianismo

"El sentido de justicia de Zósimo le impedía castigar a alguien con excomunión, siendo éste dudosamente convicto de su error. Y, si los pasos recientemente dados por los dos que se defendían habían sido considerados, las dudas que debieron surgir sobre este punto no fueron enteramente carentes de fundamento. En el 416 Pelagio publicó un nuevo trabajo, ahora perdido, “De libero arbitrio libri IV” que, en su fraseología parece inclinarse hacia la concepción agustiniana de gracia y del bautismo de los infantes, aunque en principio no se separe del anterior punto de vista del mismo autor... Pelagio envió esta obra junto con una confesión de fe que aún se conserva. En ella testimonia su obediencia como la de un niño, humildemente necesitado y, al mismo tiempo reconoce inexactitudes fortuitas que pueden ser corregidas por él quien “sostiene la misma fe y el parecer de Pedro”. Todo esto fue dirigido a Inocencio I, de cuyo deceso Pelagio no se había aún enterado. Celestio quien, mientras tanto, había cambiado su residencia de Éfeso a Constantinopla, pero había sido proscrito desde entonces por el obispo anti-pelagiano Ático, dio activamente pasos hacia su rehabilitación. En el 417 fue a Roma en persona y dejó a los pies de Zósimo una confesión de fe detallada (Fragmentos, P. L., XLV, 1718), en ésta afirma su creencia en todas las doctrinas, “desde que hay un Dios Uno y Trino hasta la resurrección de los muertos” (cf. S. Agustín, "De peccato orig.", xxiii). Muy contento con esta fe católica y obediencia, Zósimo envió dos cartas diferentes (P. L., XLV, 1719 sqq.) a los obispos africanos, diciendo que, en el caso de Celestio, los obispos Heros y Lázaro habían procedido sin la debida circunspección y que, Pelagio también, como se había probado por su reciente confesión de fe, no se había desviado de la verdad católica. Como para el caso de Celestio, quien estaba entonces en Roma, el Papa encargó a los Africanos revisar la anterior sentencia o acusarlo de herejía delante del mismo Papa dentro de dos meses. El mandato papal golpeó África como una bomba. Con gran rapidez se convocó un sínodo en Cartago en noviembre del 417, y se escribió a Zósimo pidiéndole no rescindir la sentencia que su predecesor, Inocencio I, había pronunciado contra Pelagio y Celestio, hasta que ambos hubieran confesado la necesidad de la gracia interior para todos los pensamientos, palabras y actos saludables. Al fin Zósimo se detuvo. Por un rescripto del 21 de marzo del 418, aseguró a ellos que no se había pronunciado definitivamente, sino que había despachado al África todos los documentos sobre el pelagianismo para pavimentar el camino hacia una nueva investigación conjunta. De acuerdo con el mandato papal se celebró el primero de mayo del 418, en presencia de 200 obispos, el famoso Concilio de Cartago, que otra vez tipificó al pelagianismo como una herejía en ocho (o nueve) cánones (Denzinger, "Enchir.", 10th ed., 1908, 101-8)."

En resumen, lo más que podría demostrarse con este evento, más que el hecho de que hasta los herejes apelaban a Roma, es que el Papa Zósimo fue complaciente, excesivamente indulgente o simplemente precipitado y que San Agustín estaba plenamente consciente de que ya había una resolución del predecesor de Zósimo (el Papa Inocencio I) decisiva condenando al pelagianismo y de allí su resistencia. Sin embargo, ni siquiera el mismo San Agustín interpretó que el Papa Zósimo se había apartado de la ortodoxia, como consta en el libro 6 de su replica a Juliano, donde le reclama sus calumnias al Papa Zósimo:

San Agustín, Contra Iulianum pelagianum, VI, XII, 37

“¿Por qué, para persistir en tu error perverso, acusas de prevaricación al obispo de la Sede Apostólica Zósimo, de santa memoria? Pues no se apartó ni un ápice de la doctrina de su predecesor, Inocencio I, al que temes nombrar. Prefieres citar a Zósimo, porque en un principio actuó con cierta benevolencia con Celestio…”

Por lo que cualquier acusación contra la ortodoxia de Zósimo es rechazada por el mismo San Agustín.

Otro detalle digno de mención lo constituyó el que para el año 422 el Papa Bonifacio I enviara 3 cartas respectivamente a los obispos de Tesalia, de Iliria, y a Rufo, vicario del Pontífice y metropolita de Tesalia (el motivo de las misivas consistía en la deposición o rechazo del obispo Patros Perigenio, bautizado y educado en Corinto: los fieles de Patros no lo querían, los corintios lo reclamaban y los obispos de Tesalia por su parte habían elegido a Máximo como pastor de la ciudad). En las tres cartas se aprecia la conciencia o seguridad del Vicario de Cristo como juez o instancia última para los problemas de la Iglesia.

Inclusive hay teólogos protestantes que han aceptado la posición de San Agustín a favor del Primado Romano. El doctor Cesar Vidal Manzanares en su diccionario de patrística explica:

Cesar Vidal. Diccionario de Patrística. Agustín de Hipona:

“…Eclesiológicamente, Agustín no es unívoco en la utilización del término “iglesia” refiriéndose tanto a la comunidad de los fieles, edificada sobre el fundamento apostólico, como al conjunto de los predestinados que viven en la dichosa inmortalidad. Considera hereje no al que yerra en la fe (Ep. XLIII, I) sino al que “resiste a la doctrina católica que le es manifiesta” (De Bapt. XVI, 23), la cual se expresa en el símbolo bautismal, en los concilios (Ep. XLIV, I) y en la sede de Pedro, que siempre disfrutó del primado (Ep. XLIII, 7)”.

Anécdota: Platicando el tema en el foro católico, a mi amigo protestante le preguntó una forista: “Pero… ¿Has leído los escritos de San Agustín?” a lo que replicó: “….pues no”. Tuve que contenerme para no replicar: “¿¿¿Entonces que demonios haces intentando dar una cátedra del pensamiento agustiniano???”

San Agustín, la Iglesia y la Tradición

San Agustín muestra adhesión plena a la autoridad de fe, la cual es la autoridad de Cristo (C. acad. 3,20,43) manifestada en la Escritura,  en la tradición y la Iglesia. (Nada de Sola Scriptura y libre interpretación privada al estilo protestante). Incluso llega a replicar tajantemente a los maniqueos:

San Agustín. C. ep. Man. 5,6; cf. C. Faustum 28,2

“No creería en el Evangelio, si a ello no me moviera la autoridad de la Iglesia católica”

Para San Agustín, es la iglesia la que establece el canon de las Escrituras (De doct. Chr. 2,7,12), transmite la tradición e interpreta unas y o otra (De Gen. litt. O . i. l. 1), dirime las controversias (De bapt. 2,4,5) y prescribe la regla de fe (De doct. Chr. 3,2,2). Afirma San Agustín “permaneceré seguro en la Iglesia cualquiera que sea la dificultad que se presente” (De bapt. 3,2,2), pues “Dios ha asentado la doctrina de la verdad en la cátedra de la unidad “ (Ep. 105,16).

Llega  a responder a los pelagianos que debe ser tenido por verdadero todo lo que la tradición nos ha transmitido, aunque no se logre explicarlo (C. Iul. 6,5,11), pues los Padres “han enseñado en la Iglesia lo que en la Iglesia aprendieron” (C. Iul. o. i. 1,117; cf. C. Iul. 2,10,34). Así, para San Agustín la autoridad de la iglesia y los concilios son indiscutibles, y hay que mantener aquello que es parte de la Tradición aunque no haya quedado escrito:

San Agustín de Hipona, Carta a Jenaro (Ep 54,1-2)

“...Todo lo que observamos por tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia. Por ejemplo, la pasión del Señor, su resurrección, ascención a los cielos y venida del Espíritu santo desde el cielo, se celebran cada año. Lo mismo diremos de cualquier otra práctica semejante que se observe en toda la Iglesia universal.

San Agustín de Hipona, Carta a Dióscoro (Ep 118,32)

“Los que no están en la comunión católica y se glorían, sin embargo, del nombre cristiano, se ven obligados a oponerse a los creyentes; osan engañar a los indoctos como si se valiesen de la razón, siendo así, que el Señor vino cabalmente a traer esta medicina de la fe impuesta a los pueblos. Pero los herejes se ven obligados a hacer eso, como he dicho, porque sienten que serían repudiados con desdén si comparasen su autoridad con la de la Iglesia Católica.

Tratan, pues, de superar la autoridad de la Iglesia inconmovible con el nombre y promesa de la razón. Esta temeridad es normal en todos los herejes. Pero aquel emperador clementísimo de la fe, nos dotó también a nosotros del magnífico aparato de la invicta razón, valiéndose de selectos varones y piadosos y doctos y verdaderamente espirituales. Y al mismo tiempo fortificó la Iglesia con la ciudadela de la autoridad, valiéndose de concilios famosos de todos los pueblos y gentes y de las mismas sedes apostólicas.”

San Agustín y la Virgen María

San Agustín es otro firme defensor de la Virginidad perpetua de María, Afirma:

San Agustín. Serm. 51,18

Virgen concibió, virgen dio a luz y virgen permaneció

A Volusiano, cuando este  interponía las dificultades de la razón,  replica:

San Agustín. Ep. 137,2,8

“Concedamos que Dios pueda obrar alguna cosa que debamos confesar no poder indagar. En tales cosas, toda la razón del hecho es el poder de quien lo pone por obra”

Explica también que María emitió su propósito de virginidad antes de la anunciación, dando inicio al ideal cristiano de la virginidad (Serm. 51,26) y que aunque siempre permaneció virgen, era verdadero el matrimonio y afecto conyugal que la unía a José. (De nupt. Et conc. 1,11,12).

También es un exponente de la maternidad divina, y no duda en afirmar que “Dios ha nacido de una mujer” (De Trin. 8,4,7).

San Agustín. Serm. 186,2

“¿Cómo es posible confesar en la regla de fe que creemos en el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, si nacido de María fuera no el Hijo de Dios, sino el Hijo del hombre? ¿Quién niega entre los cristianos que de esa mujer haya nacido el Hijo del hombre? Mas, Dios hecho  hombre, y, por tanto, el hombre hecho Dios”.

Un episodio en su conflicto con el pelagianismo dio pie para que San Agustín expresara su posición respecto al estado inmaculado de a Virgen María. Juliano (discípulo de Pelagio), le escribe a San Agustín: “«Tú entregas a María al diablo por razón del nacimiento», es decir, si afirmas que el pecado original se trasmite por generación natural, María fue súbdita del diablo, porque de esta manera descendió y de este modo fue concebida por sus padres”, a esto contesto San Agustín: “No consignamos a María al diablo por la condición de su nacimiento –ésta era la acusación-, sino que –esta era la respuesta- la condición del nacimiento fue eliminada por la gracia de la regeneración” (C. Iul. O. i. 4,122). También declara a este respecto hablando de pecado:

San Agustín. De nat. et. gr. 36,42

Excepción hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga mención cuando se habla de pecado…”

Así, en la concepción del santo, María es modelo de la iglesia, por el esplendor de sus virtudes y por la gracia de ser corporalmente lo que la Iglesia debe ser espiritualmente, es decir, virgen y madre; virgen por la integridad de la fe, madre por el fervor de la caridad (Serm. 188,4; 191,4; 192,2). Está claro que los protestantes no concuerdan con el pensamiento del santo en ninguno de los puntos anteriores.

San Agustín, el pecado original y la necesidad del bautismo

San Agustín es uno de los más grandes defensores de la doctrina del pecado original y de la necesidad del bautismo. Para él, todos, incluso los que nacen de un matrimonio de creyentes deben ser regenerados por el bautismo, al que llama “baño de regeneración”, ya que a diferencia de los pecados personales, el pecado original si se contrae de los padres “…declaré según la fe católica, que, cualquiera sea su nacimiento, son inocentes cuando de pecados personales se trata; culpables, a causa del pecado original” (Contra Iulianum Pelagianum III, XXIII, 52). Para el santo la herejía pelagiana es sumamente grave por negar a los niños revestirse de Cristo.

San Agustín. Contra Iulianum Pelagianum II, XVIII, 33

“Este nuestro adversario, apartándose con los pelagianos de la fe apostólica y católica, no quiere que los que nacen estén bajo el dominio del diablo, para que lo párvulos (niños) no sean llevados a Cristo, arrancados de la potestad de las tinieblas y trasladados a su reino. Y especialmente acusa a la Iglesia extendida por el mundo entero, donde todos los infantes en el bautismo reciben en todas partes el rito de la insuflación no por otra razón sino para arrojar fuera de ellos al príncipe del mundo, bajo cuyo dominio necesariamente están los vasos de ira desde que nacen de Adán si no renacen en Cristo y son trasladados a su reino una vez que hayan sido hechos vasos de misericordia por la gracia.

Inmerso en el pensamiento de la época, San Agustín le cuesta vislumbrar cual será el estado de los niños nacidos sin el bautismo, e incluso se declara ignorante de la naturaleza de la pena que puede ocasionarles este estado.

San Agustín. Contra Iulianum Pelagianum III, XI, 44

“…No digo que los niños que mueren sin el bautismo de Cristo sean castigados con una pena tan grande que más les valdría no haber nacido; porque el Señor no dijo estas palabras de cualquier pecador, sino de los muy criminales e impíos. Si la sentencia que pronunció sobre Sodoma no se ha de entender sólo de los sodomitas, pues el día del juicio unos han de ser castigados más gravemente que otros, ¡quién puede dudar que los niños no bautizados, que mueren sin pecado personal alguno, con sólo el original, han de sufrir la pena más leve de todas?. Ignoro cuál será la naturaleza de esta pena…pero vosotros los consideráis libres de toda culpa no queréis pensar en la clase de penas a las que los condenáis privando de la vida y del reino de Dios a tantas imágenes suyas y separándolas de sus piadosos padres, a los que tan claramente exhortáis a engendrar. Es injusto que los niños sufran castigo si no tienen pecado; pero, si su castigo es justo, es necesario reconocer en ellos la existencia del pecado original."

En su carta a San Jerónimo escribe “Soy presa de grandes angustias, créeme, cuando se toca este punto del castigo de los niños y no sé en absoluto qué responder” (Ep. 166,6,16: PL 33,727). La Iglesia hoy reconoce la necesidad del bautismo para la salvación pero también reconoce que puede haber salvación para los niños sin bautizar por “caminos no conocidos por ella”.

Antes de comparar la posición de San Agustín con el mundo protestante, tenemos que aclarar que entre ellos hay dos posturas disonantes. Los anabaptistas (hoy mayoría), quienes niegan la existencia del pecado original y la necesidad del bautismo de niños, y los de la tendencia luterana y calvinista, que confiesan creer en la doctrina del pecado original. En sus confesiones de fe como la de Augsburgo en 1530,  se leen condenas a la posición anabaptista y profesan la necesidad de bautizar niños para salvarse. La confesión de Westminster admite reconoce la necesidad del bautismo y considera pecado grave el descuido y menosprecio del sacramento, (sin embargo admite que pueda salvarse alguien sin bautizarse).  Podría decirse entonces que la posición de San Agustín es radicalmente opuesta a la mayoritaria tendencia anabaptista entre protestantes, y me atrevería a afirmar que la combatiría con el mismo fervor y eficacia que al pelagianismo.

Es curioso que hayan sido las denominaciones protestantes quienes hayan resucitado la herejía de la negación del pecado original, ya que implica devaluación de la necesidad de la obra redentora de Cristo, explicada con claridad por el apóstol San Pablo en el capítulo 5 de la epístola a los Romanos.

Conclusión

¿Pensaba San Agustín como un protestante?, solo conteste estas preguntas:

1) ¿Creen los protestantes que los obispos de Roma son los sucesores del apóstol Pedro y la sede apostólica es la Iglesia de Roma? ¿Reconocen los dictámenes del Papa en materia de fe y se someten a su autoridad?

2) ¿Creen los protestantes que no es hereje quien yerra en la fe, sino quien resiste a la doctrina católica que le es manifestada?

3) Opinan los protestantes que no creerían en el evangelio sino los mueve la autoridad de la Iglesia Católica?

4) ¿Creen los protestantes que es la Iglesia Católica quien transmite la tradición y la interpreta, dirime controversias y prescribe la regla de fe?

5) ¿Creen los protestantes que hay que permanecer seguro en la Iglesia cualquiera que sea la dificultad que se presente?

6) ¿Creen los protestantes que Dios ha asentado la doctrina de la verdad en la cátedra de la unidad?

7) ¿Creen los protestantes que María es siempre Virgen?

8) ¿Creen los protestantes que Dios ha nacido de una mujer?

9) ¿Creen los protestantes que respecto a María es intolerable que se hable de pecado?

10) ¿Creen los protestantes que el bautismo es necesario para la salvación, limpia el pecado original y los demás pecados?

11) ¿Creen los protestantes que es inmoral negar el bautismo a los niños ya que se les impide revestirse de Cristo y nacer de nuevo?

Si a todas esas respuestas usted puede contestar si, entonces San Agustín si era protestante. (Y si es así, ¡ojalá tuviéramos más protestantes como él!)

Bibliografía

BAC 422. Patrología III, Instituto Patriótico Augustinianum

BAC 457. Obras Completas de San Agustín, XXXV

Catecismo Oficial de la Iglesia Católica

Diccionario de patrística, Cesar Vidal Manzanares

Mariología, José C. R. García Paredes

Early Church Fathers

San Agustín, ¿Interpretaba las Escrituras como los protestantes?

Por José Miguel Arráiz

San Agustín

Introducción

Recientemente tuve la ocasión de platicar con un amigo protestante (bautista) que me afirmaba que varios padres de la Iglesia, entre ellos San Agustín, tenían posturas “protestantes”, especialmente en su interpretación de Mateo 16,18, la cual, según él, implicaban un rechazo a la interpretación católica actual sobre el primado de Pedro y el Papado.

¿Quién fue San Agustín?

San Agustín es considerado como uno de los más grandes padres de la Iglesia. Su influencia en la posteridad ha sido notable. El obispo de Hipona fue teólogo, filósofo, místico, poeta, orador, apologista y escritor.  Nacido en el 354 d.C, recibió una educación cristiana desde pequeño gracias a su madre, termina abandonando la fe católica a la edad de diecinueve años. Estudió a Hornensius, Cicerón y hasta prestó oídos a los maniqueos, terminando siendo un anticatólico convencido.  Luego de una larga lucha interior termina comprendiendo que es necesaria la fe para alcanzar la sabiduría, y que la autoridad en que se apoya la fe es la Escritura, avalada y leída por la Iglesia. Luego de haber opuesto a Cristo a la Iglesia, descubre que la senda para ir a Cristo era precisamente la Iglesia. El 391 es ordenado sacerdote y obispo el 395 (o el 396). Intervino  en las controversias contra los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos. Muere el 430, dejando tras de si una gran cantidad de obras, parte de un legado que perdura hasta hoy.

¿Qué importancia tienen los escritos de San Agustín?

Los escritos de San Agustín (así como los escritos de los padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos) son importantes no solo para los estudiantes de patrística y patrología sino para todo cristiano que le interese conocer a fondo pensamiento de la Iglesia en sus primeros siglos y su forma de interpretar las Escrituras. En virtud de estas circunstancias he querido estudiar los escritos de San Agustín, no solo, en cuanto a los puntos en que los protestantes suelen citarle, sino en su totalidad, para así hacer una comparación justa de su pensamiento.

San Agustín y el primado de Pedro

Los testimonios de San Agustín sobre el Primado de Pedro son bastante numerosos, sin embargo, algunos textos de San Agustín han sido sacados de contexto frecuentemente por protestantes para inducir lo contrario. Examinaremos algunos de estos textos y la visión global del santo sobre el tema.

San Agustín. Serm. 295; PL 38,1348-1352.

“San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo». El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos. En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro”

San Agustín también escribió: Cristo, como ves, edificó su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la confesión de Pedro. ¿Cuál es la confesión de Pedro? ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente’. Aquí está la roca para vosotros, aquí el fundamento, aquí es donde la Iglesia ha sido construida, la cual las puertas del inframundo no pueden conquistar”

Cuando un protestante lee a San Agustín diciendo que la piedra sobre la que se edificará la Iglesia es la fe (confesión de Pedro), asume de manera automática que dicho texto implica un rechazo al primado Romano. Como veremos a continuación, el Catecismo Católico hace precisiones similares y no por eso significa que lo niegue. Esperemos que en 500 años no estén los protestantes citando el catecismo para intentar demostrar que los católicos del siglo XXI no creían en el Papado.

Ahora bien ¿Por qué creen que la interpretación de San Agustín presta apoyo a su rechazo al Papado? La razón es que al ser la fe "la Piedra" sobre la que Cristo edificó su Iglesia, intentan afirmar que todo aquel que confiese su a Cristo como hijo de Dios por revelación divina ya es Piedra sobre la que se edifica la Iglesia, y por lo tanto, la autoridad del Papa no sería mayor que la de cualquier cristiano creyente.

El catecismo de la Iglesia Católica explica la posición católica de la siguiente manera:

CIC 552 En el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

CIC 553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el Buen Pastor" (Jn 10, 11)  confirmó este encargo después de su resurrección:"Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien él confió explícitamente las llaves del Reino.

CIC 881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). "Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro" (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

Un análisis detallado de los textos de San Agustín demuestra que su postura, más que acercarse a la postura protestante, concuerda perfectamente con la posición católica. El reconoce a Pedro en virtud de la fe confesada por él como el primero de los apóstoles, como representante de la Iglesia entera, y portador de las llaves del reino de los cielos. Los obispos en comunión con él, también pueden atar y desatar (Nótese que el santo también relaciona, a diferencia de los protestantes, el poder de atar y desatar, con la autoridad de perdonar pecados).

Veamos ahora algunos textos adicionales de San Agustín que comparados con los otros, nos pueden dar una perspectiva real de la opinión del santo:

San Agustín. C. ep. Man. 4,5.

“Aún prescindiendo de la sincera y genuina sabiduría…, que en vuestra opinión no se halla en la Iglesia Católica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, confirmada por la antigüedad; la sucesión de los obispos desde la sede misma del apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó, después de la resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Católica, que son sin razón sólo la Iglesia ha alcanzado….Estos vínculos del nombre cristiano – tantos, tan grandes y dulcísimos- mantienen al creyente en el seno de la Iglesia católica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, aún no se muestra”.

En el texto anterior San Agustín demuestra ver diferencia entre la confesión de fe, con el ministerio del episcopado. No todos, por simplemente confesar la fe son obispos, tampoco todos son sucesores del apóstol Pedro en cuanto a su ministerio.

San Agustín. Ep. 53,2 

Si la sucesión de obispos es tomada en cuenta, cuanto más cierta y beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro mismo, aquel quien portó la figura de la Iglesia entera, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella!”. El sucesor de Pedro fue Linus, y sus sucesores en orden de sucesión  ininterrumpida fueron estos: Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, Pío, Sotero, Eleuterio, Victor, Ceferino, Calixto, Urbano, Ponciano, Antero, Fabián, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio, Felix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades, Silvestre, Marcos, Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesión, ningún obispo donatista es encontrado”.

Nuevamente aquí se ve lo mismo. Para el santo obispo de Hipona el ministerio concedido a Pedro lo desempeñaron específicamente los obispos de Roma en sucesión ininterrumpida. Luego de mostrar este texto a un amigo protestante, el me comentaba en forma testaruda: “Yo no veo allí ningún Papado”. Actitud singularmente obstinada, para quien lee un texto en donde ve hablando de la sucesión apostólica, de los obispos de Roma, su sucesión en el ministerio del apóstol Pedro, y si eso no fuera suficiente, la lista los Papas hasta Anastasio (El Papa de la época). ¿Qué más puede pedir? ¿Qué les conceda con el título de “Papa”?, pues eso también lo hace en innumerables ocasiones, las cuales sería muy laborioso contabilizar, conformémonos con tomar una de ellas: Sobre el pecado original (13 veces, en los capítulos 2,7,8,9). Allí se expresa con mucha reverencia sobre los pontífices y  se leen expresiones como “el más bendito Papa Zósimo en Roma”  (Capítulo 2), “el venerable Papa Zósimo” (Capítulos 8 y 9), “el más bendito Papa Inocencio” (Capítulos 8,10), “el más bendito Papa Zósimo”, “El santo Papa Inocencio” (Capítulo 9), “El santo Papa Zósimo” (Capítulos 10,19) y el Papa Inocencio de bendita memoria (Capítulo 19).

Hay evidencia adicional suficiente para estar seguros de ir contra la tendencia que propone le negación del primado a raíz de estas frases en los sermones del santo. Quienes piensan así tendrían que explicar si comparten con San Agustín que dijera que la iglesia de los donatistas no puede ser la verdadera por no ser católica, una, santa y apostólica, que quien se separa de la Iglesia sacrifica su salvación (Bapt 4,17.24). ¿Según esto basta la confesión de fe como fundamento para la edificación de la Iglesia?

A diferencia de la postura protestante, para San Agustín no hay motivo justo para efectuar la separación de la Iglesia y preparar la propia (secta), separada de ella (E. Cp Parm 2,11,25).  San Agustín ve en la Iglesia de Roma aquella “in qua semper apostolicae cathedrae viguit principatus [aquella en la que siempre ha estado vigente el principado de la cátedra apostólica (Ep 43,7)], afirmación que es un reconocimiento claro del primado de la Iglesia de Roma. Inclusive atribuye a las sentencias de Roma en materia de fe la máxima importancia, como por ejemplo, cuando combate al pelagianismo. Así, cuando San Agustín dice que las llaves la recibió no solo Pedro, sino toda la Iglesia, está defendiendo el primado no solo de él, sino de sus sucesores. “Sicut enim quaedam dicuntur quae ad apostolum Petrum propriae pertinere videantur, nec tamen habent illustrem intellectum, nisi cum referuntur ad Ecclesiam, cuius ille agnoscitur in figura gestasse personam, propter primatum quem in discipulis habuit (In Ps CVIII, t. XXXVII, col 1431) [Algunas cosas, se dice, parecen pertenecer propiamente al apóstol Pedro, pero (quienes así piensan) no tienen un entendimiento iluminado, pues se las ha de referir a la Iglesia, de la que se confiesa represento la figura en su persona a causa del primado que tuvo entre los discípulos].

Para San Agustín, por la comunión con la sede apostólica se tiene la adhesión a los apóstoles, y se está así en la verdadera Iglesia. Es de entender entonces que para él, el testimonio de la Iglesia de occidente le es sólo decisiva, ya que en occidente se encuentre la sede del príncipe de los apóstoles: “Puto tibi eam partem orbis sufficere debere, in qua primum apostolorum voluit Dominus gloriosissimo martyrio conorare. Cui Ecclesiae praesidentem beatum Innocentium si audire voluisses, iam tum periculosam iuventutem tuam pelagianis laqueis exuisses”. Contra Iulianum pelagianum, I, IV, 13 t. XLIV, col 648 [Considero que te debe bastar esa parte del orbe en la que el Señor quiso coronar al primero de los apóstoles con un martirio gloriosísimo. Si quisieras oír al beato Inocencio que es quien preside a esta Iglesia, librarías tu peligrosa juventud de las insidias pelagianas].

Adicionalmente vemos al obispo de Hipona, someter sus obras al Papa Bonifacio, no para instruirle, sino para solicitar su aprobación y censura si fuere necesario: “Haec ergo quae... respondeo, ad tua potissimum dirigere sanctitatem, non tam discenda quam examinanda, et ubi forsitan aliquid displicuerit emendanda, constitui” (Contra duas epist. Pelag. I, 1 t. XLIV, col 549-551) [Estas cosas que... respondo, he decidido dirigir de modo especial a tu santidad no para instruir sino para que sean examinadas, y donde tal vez haya algo que displiciera, sea enmendado]. Es de entender entonces porqué San Agustín hace también referencia al obispo de Roma como “El Obispo de la Sede Apostólica”.

Se ha hecho frecuente escuchar alegatos entre protestantes afirmando que San Agustín amenazó con excomulgar a quienes apelaran a Roma. Luego de investigar encontramos el origen de este argumento en un artículo de la web cristianismo-primitivo.org que no hace sino transcribir literalmente una porción del fraudulento discurso del obispo Strossmayer en el Vaticano I que dice "...siendo secretario del concilio de Melive, escribió, entre los decretos de esta venerable asamblea: "Todo fiel u obispo que apelase a los de la otra parte del mar, no será admitido a la comunión por ninguno en las Iglesias de Africa".

Es importante aclarar que el sacerdote católico Juan Sack luego de una investigación demostró que dicho discurso es una falsificación, y la mayoría de sitios de apologética protestantes lo retiraron ante la evidencia, sin embargo los artículos basados en él siguen circulando. Los detalles aquí: Algunas reflexiones sobre el famoso discurso del obispo Strossmayer. Con semejante fuente "primaria" lo más probable es que la cita de Agustín o sea falsa o sacada de contexto.

El articulo de cristianismo primitivo no se preocupó de verificar la fuente e incluso copia textualmente los errores ortográficos del fraudulento discurso (Escribe Mélive por Milevi). Lo que realmente ocurrió luego de los concilios de Cártago y Milevi fue que el mismo San Agustín escribió al Papa para que confirmara las decisiones de los susodichos concilios (411, 412 y 416) condenando el pelagianismo. Aquí fue donde el Papa Inocencio confirmó las decisiones de los concilios reservándose el deber de citar a Pelagio y Celestio, y de reformar, si era necesario, la sentencia de Dióspolis, donde condenó la doctrina incriminada en una carta conocida como "In requirendis" dirigida a los obispos que se reunieron en Cartago y de Milevi.

En dicha carta el Papa se alegra que se haya desenmascarado al pelagianismo y se haya recurrido a la sede de Roma para solucionar o confirmar las resoluciones, que puesto que la sede de Pedro goza de la autoridad vinculante.

Lo mejor de todo es que cuando San Agustín da a conocer al pueblo las decisiones de Roma, pronunció esta célebre frase:

“Iam de hac causa duo concilia missa sunt ad sedem apostolicam: inde etiam rescripta venerunt. Causa finita est, utinam aliquando finiatur error”

La cual podría traducirse como:

“Ya por este motivo se han enviado dos misivas a la sede apostólica y también de allí han venido dos rescriptos. La causa ha terminado para que finalmente termine el error” . Sermo 131,10,10; Ep 1507.

Imposible bajo el sentido común imaginar un San Agustín rechazando el Papado pero apelando a su autoridad y declarando una disputa concluida en base a sus rescriptos.

Otro argumento frecuentemente escuchado lo tenemos a un evento que sucedió después cuando luego de que el Papa Zósimo sucediera al Papa Inocencio (que muriera en el 417). Ocurrió que Pelagio y Celestio enviaron apelaciones a la Sede Romana (sorprendentemente hasta los herejes reconocían la autoridad de la sede apostólica evidenciada en estas apelaciones). Las decisiones del Papa Inocencio I habían sido contundentes pero Zósimo quería comprobar si realmente Pelagio y Celestio habían enseñado las doctrinas condenadas como heréticas. Acusan aquí entonces al Papa Zósimo de haber aprobado el pelagianismo y sido magnánimo con los herejes y a San Agustín de resistirle. Comparto una muy detallada explicación que da la enciclopedia católica sobre los hechos:

Enciclopedia Católica. Pelagianismo

"El sentido de justicia de Zósimo le impedía castigar a alguien con excomunión, siendo éste dudosamente convicto de su error. Y, si los pasos recientemente dados por los dos que se defendían habían sido considerados, las dudas que debieron surgir sobre este punto no fueron enteramente carentes de fundamento. En el 416 Pelagio publicó un nuevo trabajo, ahora perdido, “De libero arbitrio libri IV” que, en su fraseología parece inclinarse hacia la concepción agustiniana de gracia y del bautismo de los infantes, aunque en principio no se separe del anterior punto de vista del mismo autor... Pelagio envió esta obra junto con una confesión de fe que aún se conserva. En ella testimonia su obediencia como la de un niño, humildemente necesitado y, al mismo tiempo reconoce inexactitudes fortuitas que pueden ser corregidas por él quien “sostiene la misma fe y el parecer de Pedro”. Todo esto fue dirigido a Inocencio I, de cuyo deceso Pelagio no se había aún enterado. Celestio quien, mientras tanto, había cambiado su residencia de Éfeso a Constantinopla, pero había sido proscrito desde entonces por el obispo anti-pelagiano Ático, dio activamente pasos hacia su rehabilitación. En el 417 fue a Roma en persona y dejó a los pies de Zósimo una confesión de fe detallada (Fragmentos, P. L., XLV, 1718), en ésta afirma su creencia en todas las doctrinas, “desde que hay un Dios Uno y Trino hasta la resurrección de los muertos” (cf. S. Agustín, "De peccato orig.", xxiii). Muy contento con esta fe católica y obediencia, Zósimo envió dos cartas diferentes (P. L., XLV, 1719 sqq.) a los obispos africanos, diciendo que, en el caso de Celestio, los obispos Heros y Lázaro habían procedido sin la debida circunspección y que, Pelagio también, como se había probado por su reciente confesión de fe, no se había desviado de la verdad católica. Como para el caso de Celestio, quien estaba entonces en Roma, el Papa encargó a los Africanos revisar la anterior sentencia o acusarlo de herejía delante del mismo Papa dentro de dos meses. El mandato papal golpeó África como una bomba. Con gran rapidez se convocó un sínodo en Cartago en noviembre del 417, y se escribió a Zósimo pidiéndole no rescindir la sentencia que su predecesor, Inocencio I, había pronunciado contra Pelagio y Celestio, hasta que ambos hubieran confesado la necesidad de la gracia interior para todos los pensamientos, palabras y actos saludables. Al fin Zósimo se detuvo. Por un rescripto del 21 de marzo del 418, aseguró a ellos que no se había pronunciado definitivamente, sino que había despachado al África todos los documentos sobre el pelagianismo para pavimentar el camino hacia una nueva investigación conjunta. De acuerdo con el mandato papal se celebró el primero de mayo del 418, en presencia de 200 obispos, el famoso Concilio de Cartago, que otra vez tipificó al pelagianismo como una herejía en ocho (o nueve) cánones (Denzinger, "Enchir.", 10th ed., 1908, 101-8)."

En resumen, lo más que podría demostrarse con este evento, más que el hecho de que hasta los herejes apelaban a Roma, es que el Papa Zósimo fue complaciente, excesivamente indulgente o simplemente precipitado y que San Agustín estaba plenamente consciente de que ya había una resolución del predecesor de Zósimo (el Papa Inocencio I) decisiva condenando al pelagianismo y de allí su resistencia. Sin embargo, ni siquiera el mismo San Agustín interpretó que el Papa Zósimo se había apartado de la ortodoxia, como consta en el libro 6 de su replica a Juliano, donde le reclama sus calumnias al Papa Zósimo:

San Agustín, Contra Iulianum pelagianum, VI, XII, 37

“¿Por qué, para persistir en tu error perverso, acusas de prevaricación al obispo de la Sede Apostólica Zósimo, de santa memoria? Pues no se apartó ni un ápice de la doctrina de su predecesor, Inocencio I, al que temes nombrar. Prefieres citar a Zósimo, porque en un principio actuó con cierta benevolencia con Celestio…”

Por lo que cualquier acusación contra la ortodoxia de Zósimo es rechazada por el mismo San Agustín.

Otro detalle digno de mención lo constituyó el que para el año 422 el Papa Bonifacio I enviara 3 cartas respectivamente a los obispos de Tesalia, de Iliria, y a Rufo, vicario del Pontífice y metropolita de Tesalia (el motivo de las misivas consistía en la deposición o rechazo del obispo Patros Perigenio, bautizado y educado en Corinto: los fieles de Patros no lo querían, los corintios lo reclamaban y los obispos de Tesalia por su parte habían elegido a Máximo como pastor de la ciudad). En las tres cartas se aprecia la conciencia o seguridad del Vicario de Cristo como juez o instancia última para los problemas de la Iglesia.

Inclusive hay teólogos protestantes que han aceptado la posición de San Agustín a favor del Primado Romano. El doctor Cesar Vidal Manzanares en su diccionario de patrística explica:

Cesar Vidal. Diccionario de Patrística. Agustín de Hipona:

“…Eclesiológicamente, Agustín no es unívoco en la utilización del término “iglesia” refiriéndose tanto a la comunidad de los fieles, edificada sobre el fundamento apostólico, como al conjunto de los predestinados que viven en la dichosa inmortalidad. Considera hereje no al que yerra en la fe (Ep. XLIII, I) sino al que “resiste a la doctrina católica que le es manifiesta” (De Bapt. XVI, 23), la cual se expresa en el símbolo bautismal, en los concilios (Ep. XLIV, I) y en la sede de Pedro, que siempre disfrutó del primado (Ep. XLIII, 7)”.

Anécdota: Platicando el tema en el foro católico, a mi amigo protestante le preguntó una forista: “Pero… ¿Has leído los escritos de San Agustín?” a lo que replicó: “….pues no”. Tuve que contenerme para no replicar: “¿¿¿Entonces que demonios haces intentando dar una cátedra del pensamiento agustiniano???”

San Agustín, la Iglesia y la Tradición

San Agustín muestra adhesión plena a la autoridad de fe, la cual es la autoridad de Cristo (C. acad. 3,20,43) manifestada en la Escritura,  en la tradición y la Iglesia. (Nada de Sola Scriptura y libre interpretación privada al estilo protestante). Incluso llega a replicar tajantemente a los maniqueos:

San Agustín. C. ep. Man. 5,6; cf. C. Faustum 28,2

“No creería en el Evangelio, si a ello no me moviera la autoridad de la Iglesia católica”

Para San Agustín, es la iglesia la que establece el canon de las Escrituras (De doct. Chr. 2,7,12), transmite la tradición e interpreta unas y o otra (De Gen. litt. O . i. l. 1), dirime las controversias (De bapt. 2,4,5) y prescribe la regla de fe (De doct. Chr. 3,2,2). Afirma San Agustín “permaneceré seguro en la Iglesia cualquiera que sea la dificultad que se presente” (De bapt. 3,2,2), pues “Dios ha asentado la doctrina de la verdad en la cátedra de la unidad “ (Ep. 105,16).

Llega  a responder a los pelagianos que debe ser tenido por verdadero todo lo que la tradición nos ha transmitido, aunque no se logre explicarlo (C. Iul. 6,5,11), pues los Padres “han enseñado en la Iglesia lo que en la Iglesia aprendieron” (C. Iul. o. i. 1,117; cf. C. Iul. 2,10,34). Así, para San Agustín la autoridad de la iglesia y los concilios son indiscutibles, y hay que mantener aquello que es parte de la Tradición aunque no haya quedado escrito:

San Agustín de Hipona, Carta a Jenaro (Ep 54,1-2)

“...Todo lo que observamos por tradición, aunque no se halle escrito; todo lo que observa la Iglesia en todo el orbe, se sobreentiende que se guarda por recomendación o precepto de los apóstoles o de los concilios plenarios, cuya autoridad es indiscutible en la Iglesia. Por ejemplo, la pasión del Señor, su resurrección, ascención a los cielos y venida del Espíritu santo desde el cielo, se celebran cada año. Lo mismo diremos de cualquier otra práctica semejante que se observe en toda la Iglesia universal.

San Agustín de Hipona, Carta a Dióscoro (Ep 118,32)

“Los que no están en la comunión católica y se glorían, sin embargo, del nombre cristiano, se ven obligados a oponerse a los creyentes; osan engañar a los indoctos como si se valiesen de la razón, siendo así, que el Señor vino cabalmente a traer esta medicina de la fe impuesta a los pueblos. Pero los herejes se ven obligados a hacer eso, como he dicho, porque sienten que serían repudiados con desdén si comparasen su autoridad con la de la Iglesia Católica.

Tratan, pues, de superar la autoridad de la Iglesia inconmovible con el nombre y promesa de la razón. Esta temeridad es normal en todos los herejes. Pero aquel emperador clementísimo de la fe, nos dotó también a nosotros del magnífico aparato de la invicta razón, valiéndose de selectos varones y piadosos y doctos y verdaderamente espirituales. Y al mismo tiempo fortificó la Iglesia con la ciudadela de la autoridad, valiéndose de concilios famosos de todos los pueblos y gentes y de las mismas sedes apostólicas.”

San Agustín y la Virgen María

San Agustín es otro firme defensor de la Virginidad perpetua de María, Afirma:

San Agustín. Serm. 51,18

Virgen concibió, virgen dio a luz y virgen permaneció

A Volusiano, cuando este  interponía las dificultades de la razón,  replica:

San Agustín. Ep. 137,2,8

“Concedamos que Dios pueda obrar alguna cosa que debamos confesar no poder indagar. En tales cosas, toda la razón del hecho es el poder de quien lo pone por obra”

Explica también que María emitió su propósito de virginidad antes de la anunciación, dando inicio al ideal cristiano de la virginidad (Serm. 51,26) y que aunque siempre permaneció virgen, era verdadero el matrimonio y afecto conyugal que la unía a José. (De nupt. Et conc. 1,11,12).

También es un exponente de la maternidad divina, y no duda en afirmar que “Dios ha nacido de una mujer” (De Trin. 8,4,7).

San Agustín. Serm. 186,2

“¿Cómo es posible confesar en la regla de fe que creemos en el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, si nacido de María fuera no el Hijo de Dios, sino el Hijo del hombre? ¿Quién niega entre los cristianos que de esa mujer haya nacido el Hijo del hombre? Mas, Dios hecho  hombre, y, por tanto, el hombre hecho Dios”.

Un episodio en su conflicto con el pelagianismo dio pie para que San Agustín expresara su posición respecto al estado inmaculado de a Virgen María. Juliano (discípulo de Pelagio), le escribe a San Agustín: “«Tú entregas a María al diablo por razón del nacimiento», es decir, si afirmas que el pecado original se trasmite por generación natural, María fue súbdita del diablo, porque de esta manera descendió y de este modo fue concebida por sus padres”, a esto contesto San Agustín: “No consignamos a María al diablo por la condición de su nacimiento –ésta era la acusación-, sino que –esta era la respuesta- la condición del nacimiento fue eliminada por la gracia de la regeneración” (C. Iul. O. i. 4,122). También declara a este respecto hablando de pecado:

San Agustín. De nat. et. gr. 36,42

Excepción hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga mención cuando se habla de pecado…”

Así, en la concepción del santo, María es modelo de la iglesia, por el esplendor de sus virtudes y por la gracia de ser corporalmente lo que la Iglesia debe ser espiritualmente, es decir, virgen y madre; virgen por la integridad de la fe, madre por el fervor de la caridad (Serm. 188,4; 191,4; 192,2). Está claro que los protestantes no concuerdan con el pensamiento del santo en ninguno de los puntos anteriores.

San Agustín, el pecado original y la necesidad del bautismo

San Agustín es uno de los más grandes defensores de la doctrina del pecado original y de la necesidad del bautismo. Para él, todos, incluso los que nacen de un matrimonio de creyentes deben ser regenerados por el bautismo, al que llama “baño de regeneración”, ya que a diferencia de los pecados personales, el pecado original si se contrae de los padres “…declaré según la fe católica, que, cualquiera sea su nacimiento, son inocentes cuando de pecados personales se trata; culpables, a causa del pecado original” (Contra Iulianum Pelagianum III, XXIII, 52). Para el santo la herejía pelagiana es sumamente grave por negar a los niños revestirse de Cristo.

San Agustín. Contra Iulianum Pelagianum II, XVIII, 33

“Este nuestro adversario, apartándose con los pelagianos de la fe apostólica y católica, no quiere que los que nacen estén bajo el dominio del diablo, para que lo párvulos (niños) no sean llevados a Cristo, arrancados de la potestad de las tinieblas y trasladados a su reino. Y especialmente acusa a la Iglesia extendida por el mundo entero, donde todos los infantes en el bautismo reciben en todas partes el rito de la insuflación no por otra razón sino para arrojar fuera de ellos al príncipe del mundo, bajo cuyo dominio necesariamente están los vasos de ira desde que nacen de Adán si no renacen en Cristo y son trasladados a su reino una vez que hayan sido hechos vasos de misericordia por la gracia.

Inmerso en el pensamiento de la época, San Agustín le cuesta vislumbrar cual será el estado de los niños nacidos sin el bautismo, e incluso se declara ignorante de la naturaleza de la pena que puede ocasionarles este estado.

San Agustín. Contra Iulianum Pelagianum III, XI, 44

“…No digo que los niños que mueren sin el bautismo de Cristo sean castigados con una pena tan grande que más les valdría no haber nacido; porque el Señor no dijo estas palabras de cualquier pecador, sino de los muy criminales e impíos. Si la sentencia que pronunció sobre Sodoma no se ha de entender sólo de los sodomitas, pues el día del juicio unos han de ser castigados más gravemente que otros, ¡quién puede dudar que los niños no bautizados, que mueren sin pecado personal alguno, con sólo el original, han de sufrir la pena más leve de todas?. Ignoro cuál será la naturaleza de esta pena…pero vosotros los consideráis libres de toda culpa no queréis pensar en la clase de penas a las que los condenáis privando de la vida y del reino de Dios a tantas imágenes suyas y separándolas de sus piadosos padres, a los que tan claramente exhortáis a engendrar. Es injusto que los niños sufran castigo si no tienen pecado; pero, si su castigo es justo, es necesario reconocer en ellos la existencia del pecado original."

En su carta a San Jerónimo escribe “Soy presa de grandes angustias, créeme, cuando se toca este punto del castigo de los niños y no sé en absoluto qué responder” (Ep. 166,6,16: PL 33,727). La Iglesia hoy reconoce la necesidad del bautismo para la salvación pero también reconoce que puede haber salvación para los niños sin bautizar por “caminos no conocidos por ella”.

Antes de comparar la posición de San Agustín con el mundo protestante, tenemos que aclarar que entre ellos hay dos posturas disonantes. Los anabaptistas (hoy mayoría), quienes niegan la existencia del pecado original y la necesidad del bautismo de niños, y los de la tendencia luterana y calvinista, que confiesan creer en la doctrina del pecado original. En sus confesiones de fe como la de Augsburgo en 1530,  se leen condenas a la posición anabaptista y profesan la necesidad de bautizar niños para salvarse. La confesión de Westminster admite reconoce la necesidad del bautismo y considera pecado grave el descuido y menosprecio del sacramento, (sin embargo admite que pueda salvarse alguien sin bautizarse).  Podría decirse entonces que la posición de San Agustín es radicalmente opuesta a la mayoritaria tendencia anabaptista entre protestantes, y me atrevería a afirmar que la combatiría con el mismo fervor y eficacia que al pelagianismo.

Es curioso que hayan sido las denominaciones protestantes quienes hayan resucitado la herejía de la negación del pecado original, ya que implica devaluación de la necesidad de la obra redentora de Cristo, explicada con claridad por el apóstol San Pablo en el capítulo 5 de la epístola a los Romanos.

Conclusión

¿Pensaba San Agustín como un protestante?, solo conteste estas preguntas:

1) ¿Creen los protestantes que los obispos de Roma son los sucesores del apóstol Pedro y la sede apostólica es la Iglesia de Roma? ¿Reconocen los dictámenes del Papa en materia de fe y se someten a su autoridad?

2) ¿Creen los protestantes que no es hereje quien yerra en la fe, sino quien resiste a la doctrina católica que le es manifestada?

3) Opinan los protestantes que no creerían en el evangelio sino los mueve la autoridad de la Iglesia Católica?

4) ¿Creen los protestantes que es la Iglesia Católica quien transmite la tradición y la interpreta, dirime controversias y prescribe la regla de fe?

5) ¿Creen los protestantes que hay que permanecer seguro en la Iglesia cualquiera que sea la dificultad que se presente?

6) ¿Creen los protestantes que Dios ha asentado la doctrina de la verdad en la cátedra de la unidad?

7) ¿Creen los protestantes que María es siempre Virgen?

8) ¿Creen los protestantes que Dios ha nacido de una mujer?

9) ¿Creen los protestantes que respecto a María es intolerable que se hable de pecado?

10) ¿Creen los protestantes que el bautismo es necesario para la salvación, limpia el pecado original y los demás pecados?

11) ¿Creen los protestantes que es inmoral negar el bautismo a los niños ya que se les impide revestirse de Cristo y nacer de nuevo?

Si a todas esas respuestas usted puede contestar si, entonces San Agustín si era protestante. (Y si es así, ¡ojalá tuviéramos más protestantes como él!)

Bibliografía

BAC 422. Patrología III, Instituto Patriótico Augustinianum

BAC 457. Obras Completas de San Agustín, XXXV

Catecismo Oficial de la Iglesia Católica

Diccionario de patrística, Cesar Vidal Manzanares

Mariología, José C. R. García Paredes

Early Church Fathers

San Agustín, ¿Interpretaba las Escrituras como los protestantes?, Por José Miguel Arráiz - ApologeticaCatolica.org

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