reflexion

El problema de los fariseos era que ellos tenían su idea ya fija del “modelo” de Mesías que necesitaban y de cómo debía según “su” interpretación de las Escrituras, ser el mesías. Y resultó que era totalmente diferente. Jesús era un hombre lleno de libertad, de amor para todos: amigos y enemigos, extranjeros y propios. Un hombre que hablaba de reconciliación, no de odio; de humildad, no de poder; de paz y no de guerra… Su vida se convertía así en una forma diferente de comprender a Yavéh, no como el Dios de las victorias, sino como PADRE. Esta visión no cuadraba con sus ambiciones de poder, de riqueza, de prepotencia, por tanto había que quitarlo de en medio. Hoy pasa lo mismo en muchos de nuestros cristianos, que esperan un “mesías” que cuadre con sus “necesidades”, que venga a realizar sus expectativas. Hermanos, Jesús es el Mesías enviado por Dios para dar vida y libertad a nuestras vidas; para dejar atrás los formalismos estériles, para conducir nuestra vida por el camino del amor y de la reconciliación; para llevarnos a experimentar el amor dulce y poderoso del Padre del cielo y finalmente introducirnos en el Reino de los cielos. Si ésta no es la expectativa de Jesús para tu vida. ¡Cámbiala!, y acepta a Jesús como lo que realmente es: “El Hijo de Dios vivo”.


Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro
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