La gran Apostasía de la Iglesia

de Apologética para el mundo de José Miguel Arráiz

Si bien hay notables diferencias entre las distintas denominaciones protestantes, todas sin excepción han abrazado la teoría de que la Iglesia se fue corrompiendo paulatinamente cuando tradiciones “humanas” y falsas enseñanzas fueron poco a poco infiltrándose en la Iglesia cristiana al punto de desplazar las verdades contenidas en la Escritura.
Es en esta situación donde Dios “decide” renovar la Iglesia refundándola en un nueva “Iglesia”, “grupo” u “organización que si es capaz de mantenerse fiel a la verdad, y no es casualidad que ellos afirmen ser ese grupo.
Así, estos grupos no piensan ser cismáticos o apóstatas porque su fundador ha salido de la Iglesia Católica o de algún otro grupo salido de ella, sino “reformadores”. Si salieron de la Iglesia fue porque esta se “corrompió”, y si salieron de otra denominación cristiana es porque este también se “corrompió”. Es en este contexto donde se hace necesario una y otra vez “refundar” la Iglesia convirtiéndose así el cisma en un círculo vicioso que degenera en las miles de sectas y denominaciones protestantes como las conocemos hoy y que continúa en continuo crecimiento.
Pero si bien todos estos grupos pueden estar de acuerdo en esto, hay diferencias incluso en el momento en que ellos afirman que la Iglesia comenzó a deslizarse hacia la apostasía. Algunos son partidarios de ubicar esta corrupción en la Edad Media, otros a raíz de que el emperador romano Constantino el Grande concedió libertad de culto en el Edicto de Milán, y los más osados señalan una fecha mucho más temprana llegando incluso a ubicar su comienzo con la muerte del último apóstol.
También hay diferencias en lo que ellos consideran “apostasía”. Para los adventistas por ejemplo, la apostasía comienza cuando la Iglesia deja de guardar el sábado como día del Señor y lo sustituye por el domingo. Para los testigos de Jehová comienza al abrazar doctrinas como la divinidad de Cristo y la Trinidad. Para los protestantes más tradicionales el argumento suele ser que la Iglesia olvidó que la salvación es "Solo por Fe" y se volvió pelagiana. Y así para cada denominación hay “algo” que la distingue sustancialmente de las otras y es la razón por la cual ellos -y no los otros- son la Iglesia “verdadera”. Por supuesto, todo esto condimentado con las típicas menciones a la inquisición, las cruzadas y la vida corrupta de algunos miembros del clero católico.
Pero aunque esta “teoría” pueda ser fácilmente digerida por personas con algún grado de sentimientos anticatólicos, o inclusive con falta de preparación bíblica o histórica, lo cierto es que dicha interpretación se da de tortas tanto con la Biblia como con la historia.

1. Se da tortas con la Biblia
Las puertas del infierno no prevalecen contra la Iglesia que es columna y fundamento de la verdad

Mucho de lo que sabemos de Jesús lo sabemos por medio del testimonio de la Escritura y es precisamente por ella que vemos a Jesús profetizando una y otra vez acontecimientos que estaban próximos a ocurrir, sin embargo, no solo no se puede encontrar ningún texto en la Escritura que analizado seriamente permita inferir ni que Jesús o los apóstoles pensaron que la Iglesia se corrompería al punto de deslizarse a una gran apostasía. Ocurre más bien lo contrario, toda la evidencia bíblica apunta en sentido contrario tal como veremos a continuación.
“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” Mateo 16,18

En el pasaje anterior Jesús promete que las fuerzas del infierno no prevalecerían contra la Iglesia. Un protestante podría alegar que finalmente no prevalecerían porque vendría el fundador de su “iglesia” a reformarla y renovarla, pero no tiene mucho sentido interpretar estas palabras de esta manera, pues significaría que el mal prevaleció en la Iglesia por más de 16 siglos (en el caso de las sectas más recientes como testigos de Jehová, adventistas y mormones durante más de 18 siglos). ¿Cómo podría ocurrir esto a la Iglesia que la misma Biblia llama “columna y fundamento de la verdad?
“pero si tardo, para que sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad” 1 Timoteo 3,15

¿Cómo podría Cristo que prometió estar con su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo permitir que la apostasía prevaleciera durante todos esos siglos en perjuicio de todas las personas que vivieron durante esa época?
Es Jesús mismo quien ora para que la fe de Pedro, a quien entrega las llaves del Reino de los cielos, no desfallezca:
“«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»” Lucas 22,31-32

Es a la Iglesia a quien Jesús promete que les enviaría el Espíritu Santo para guiarlos a la verdad completa:
“Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.” Juan 16,13

¿Qué clase de guía hubiese sido una que solo duraría hasta que el último apóstol muriese? ¿Es sensato creer que el Espíritu Santo tomó unas “vacaciones por más de 1600 años hasta la venida de un tal Martín Lutero o Juan Calvino, por no mencionar líderes de sectas más recientes como Charles Rusell, Ellen White o José Smith?.
Si esto fuera así, en vano Jesús mandó a la Iglesia a bautizar a todas las naciones y a enseñarles a guardar todo lo que Él les enseño, pues hubiese sabido que les terminarían enseñando una falsa doctrina.
“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»” Mateo 28,19-20

Es la Iglesia Católica y no otra la que ha llevado el evangelio a todo el mundo. Y si algún grupo religioso intenta atribuirse la misma obra, bastará preguntársele donde estuvo los primeros 16 siglos de la historia cristiana.
Es precisamente al estudiar la Biblia que encontramos la clara intención de los apóstoles de que la enseñanza de la Iglesia se mantuviera incorrupta de generación en generación, y para ello la orden era encontrar hombres fieles capaces de instruir a otros:
“Tú, pues, hijo mío, mantente fuerte en la gracia de Cristo Jesús; y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros." 2 Timoteo 2,1-2
Los malos cristianos dentro de la Iglesia – El trigo y la cizaña

Muchos de los protestantes que sostienen la teoría de la gran apostasía suelen citar en su favor la parábola del trigo y la cizaña, pues allí se dice que dentro de la Iglesia habría falsos cristianos:
“Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»” Mateo 13,24-30

Pero que hayan y habrán falsos cristianos en la Iglesia no implica que la Iglesia apostataría y su doctrina se corrompería. Es precisamente este uno de los textos que permite mostrarles a los protestantes su error, sobre todo si se lee la explicación de la parábola que luego Jesús da a sus apóstoles:
“Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.» El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. Mateo 13,26-43

Obsérvese en primer lugar, que Jesús establece como un hecho que el trigo y la cizaña siempre estarán mezclados en la Iglesia. Siempre habrá mejores y peores cristianos.
Obsérvese en segundo lugar, que esto no es excusa para dividir la Iglesia, pues cuando dice uno de los ciervos que van a recoger la cizaña, el dueño de la siembra contesta que la dejen crecer juntas no sea que al arrancar la cizaña arranquen también el trigo. Ya sería en el juicio final cuando Jesús enviará a sus ángeles y separará uno de los otros.
Los mismos grupos protestantes que se dividen pensando fundar una Iglesia sin pecadores terminan descubriendo que dentro de ellos también hay pecadores, porque una Iglesia sin pecadores no existe.
Lo que distingue a estos falsos cristianos

Pero si estudiamos todavía más a fondo la Escritura encontraremos que esta identifica precisamente a estos falsos cristianos con aquellos que con una actitud cismática abandonaron la Iglesia a fundar la propia:
“Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.” 1 Juan 2,18-19

El apóstol llega al extremo de llamar a los que abandonaron la Iglesia “anticristos” . No deja de resultar curioso que sectas como los testigos de Jehová, adventistas y mormones aplican esos textos a quienes abandonan sus filas, olvidando precisamente que sus respectivas denominaciones fueron fundadas por hombres que a su vez abandonaron sus antiguas denominaciones, cumpliéndose así el proverbio coloquial de “cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo” . Ellos fueron cismáticos al abandonar la Iglesia fundada por Cristo, y luego tienen el tupé de acusar de cismáticos a quienes les abandonan a ellos.
En una ocasión hablando con un pastor protestante, este intentaba justificar las divisiones que aquejan al protestantismo alegando que eran beneficiosas porque había pluralidad y libertad de opiniones, pero la Escritura en cambio sostiene que son precisamente quienes dividen la Iglesia quienes carecen del Espíritu Santo:
“En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu.” Judas 1,17-19

Las divisiones son llamadas por el apóstol una “obra de la carne” al mismo nivel que las orgías, idolatrías, fornicaciones, etc.
“Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.” Gálatas 5,19-21

La orden dada a los cristianos era por el contrario mantener la unidad doctrinal: Un solo Señor, un solo bautismo y una sola fe:
Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos” Romanos 16,17
“Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio” 1 Corintios 1,10

Si el árbol se reconoce por su fruto, no puede ser el sistema protestante dividido hasta verse convertido en un monstruo de mil cabezas el legítimo representante de la Iglesia de Cristo. Se cumple así lo que había ya sido profetizado:
“Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” 2 Timoteo 4,3-4

Póngase a pensar la situación de hoy y compárela con lo que en ese texto se había profetizado:
1. Miles de denominaciones que alegan ser la única iglesia verdadera mientras califica al resto de heréticas.
2. Cada una con sus propios “maestros” que predica en base a su propio entendimiento de la Biblia.
3. Las doctrinas en algunos casos son propiamente fábulas que terminan afectando la vida de miles de personas: Y si no vea el continuo ridículo que sectas como adventistas y testigos de Jehová han hecho profetizando el fin del mundo, la resurrección de los patriarcas, el juicio investigador, la coronación de Cristo en Octubre de 1914 y cualquier cantidad de disparates que usted se pueda imaginar.
2. Se da tortas con la historia

Pero así como la teoría de la hipótesis de la gran apostasía de da de tortas con la Biblia, también se da de tortas con la historia. Quienes se animan a estudiar que creían aquellos que recibieron el evangelio directamente de sus apóstoles o sucesores se encuentran con la gran sorpresa de que los primeros cristianos profesaban doctrinas esencialmente iguales que las que profesan hoy los católicos.
Incluso aquellos que optan por la teoría de que la apostasía ocurrió luego de Constantino se encuentran con el problema de que no hay cambios sustanciales entre lo que creían los cristianos antes y después de su reinado.
La razón de que algunas sectas hayan ubicado la fecha de la apostasía en fechas tan tempranas como la muerte del último apóstol es que son incapaces de encontrar en un período de más de 1600 años un grupo de cristianos con cuyas doctrinas ellos puedan identificarse. No les queda otra alternativa que colocarles el saco de apóstatas, una actitud bastante arrogante, como si antes de ellos no hubo verdaderos cristianos.
Así, si uno de sus adeptos se llega a encontrar con algunos textos patrísticos primitivos (Las cartas de Ignacio de Antioquía quien fue discípulo de los apóstoles Pedro y Pablo, la epístola de Clemente, quien fue a su vez ordenado por el propio Pedro, etc.), y se llega a dar cuenta de que ya allí se puede observar como estos cristianos creían doctrinas que ellos hoy rechazan, ya estarán condicionados para pensar que esto ocurre porque eran apóstatas.
En pocas palabras, terminan haciéndoles creer que es más confiable la interpretación de las Escrituras del fundador de su organización, nacido miles de años después de Cristo, y que a su vez no conoció ni a Cristo ni a los apóstoles y se puso a leer la Biblia por cuenta propia, que la de aquellos que fueron enseñados por los propios apóstoles. Una forma de pensar a todas luces ilógica pero que el condicionamiento sectario logra imponer.
Si alguien les objeta alegarán que “Dios revela sus secretos a los humildes” y los oculta a los “soberbios”. Allí se ve la enorme “humidad” que tienen al colocarse ellos en el lugar de los humildes y colocar a los primeros cristianos como apóstatas y soberbios.
Le animo a comparar la fe de la Iglesia primitiva, inclusive siglos antes de Constantino con la que cree la Iglesia hoy y lo que creen estos grupos cismáticos:
La Trinidad y la Iglesia primitiva
La Eucaristía y la Iglesia primitiva
El Primado de Pedro en la Iglesia primitiva
La Tradición versus la Sola Escritura en la Iglesia primitiva
La Salvación por la "Fe Sola" y la Iglesia primitiva
El Sacramento de la penitencia y la Iglesia primitiva
El bautismo de infantes en la Iglesia primitiva
El purgatorio en la Iglesia primitiva
El infierno en la Iglesia primitiva
La virginidad de María en la Iglesia primitiva

No se deje engañar por estas ideologías que inducen a los cristianos a apartarse de la única Iglesia fundada por Jesús. No se puede negar que entre ellos hay cristianos que sinceramente creen estar en la verdad, pero son víctimas de un sistema que les ha engañado y les convierte a su vez en herramienta para captar más prosélitos que aumenten el número de sus adeptos.
Otros han sido tan contaminados con prejuicios que tienden a maximizar las cosas malas que escuchan de la Iglesia, en algunos casos llegando a propagar la leyenda negra, y al mismo tiempo son incapaces de reconocer lo bueno que es mucho (Ver Las buenas obras de la Iglesia Católica).

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