Tropezar con la misma Piedra

de Beto


Que pasa cuando nos acercamos al sacramento de la reconciliación, vamos arrepentidos, intentando empezar de nuevo, estamos en la fila de confesiones nerviosos pensando en aquellos errores que hemos cometido en cierto periodo de tiempo que dejamos pasar sin acercarnos.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. 2Corintios 5,17                                      

Pero que ocurre, cuando nos acercamos son casi las mismas palabras, los mismos errores, las mismas faltas que al acercándonos con el sacerdote a tal grado de decirle “lo mismo de la vez pasada”. Sera que nos falta arrepentirnos de corazón, será que nos falta reflexionar más sobre nuestras acciones y verdaderamente ver nuestro corazón.

Pero qué pasa si vas a confesarte y te dice el sacerdote que no puede confesarte ya que en la vez pasada te dijo que tenías que hacer para no caer pero aun así caíste, así que te da más tiempo para que verdaderamente aprendas la lección de tus actos y vuelvas más preparado a confesarte y con alguna enseñanza no que regreses con la misma carga.

Reciban el Espíritu Santo: a quienes ustedes perdonen sus pecados, queden perdonados, y a quienes se los retengan, queden retenidos” Juan 20,22-23

Puede haber varias reacciones diferentes por ejemplo, puedes enfadarte ya que no puede ser que estuviste formado más de 30 min en la fila y todo para que para que no te confesaran, o la otra actitud pudiera ser que te enfades tanto que fendas al sacerdote porque tu o yo no cumplimos con nuestra parte, o también puedes  obedecer y aprender de esta lección que viene de Dios para que luches o pongas más resistencia ante eso en lo que siempre caes.

Creo que a veces no valoramos este sacramento como es, nos confesamos una y otra vez, aunque confesamos los mismos pecados, me pregunto entonces si no cambiamos actitudes de que nos está sirviendo irnos a confesar si no cambiamos realmente. El sacramento es verdaderamente Hermoso es una nueva oportunidad de volver a empezar, de dejar esa carga que a veces es  tan pesada, por eso en este compartir nos invitó a ser más reflexivos y actuar ahora mismo sobre nuestras faltas para poder superarlas definidamente.

Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. 2Corintios 5,20

Fuente: Catoliscopio

Autor: Humberto Nieto (Beto)

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