SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LA FE

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LA FE

En este año que reflexionamos sobre la fe, me gustaría proponer a San Francisco y la fe como tema de algunos artículos. Como nos propone el Papa Benedito XVI en la Porta fidei:


A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos. Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb12, 2) (PF 13)



San Francisco en su Testamento nos dice:

Y el Señor me dio una fe tal en las iglesias, que oraba y decía así sencillamente, […] el Señor me dio, y me sigue dando, una fe tan grande en los sacerdotes que viven según la norma de la santa Iglesia romana, […]. Y también a todos los teólogos y a los que nos administran las santísimas palabras divinas, debemos honrar y tener en veneración, como a quienes nos administran espíritu y vida (cf. Jn 6,64).



La fe es un encuentro entre la persona y Dios. La persona debe buscar el sentido pleno de su vida, y en este camino cruza con Dios que se manifiesta de muchos modos, a través de experiencias que vive el convertido frente a Dios, que transforma su forma de vida, incluso su aspecto social y físico. San Francisco parecía otra persona cuando dejaba la cueva (1Cel 6).



El Señor cruzó el camino de San Francisco cuando se le reveló en el leproso y en los pobres discriminados por la comunidad que están fuera de los muros de la “urbe”, separada, olvidada. Así también, el crucifijo de San Damián le habló a él: “reconstruye mi casa”. En estos ámbitos es donde hace la experiencia de la presencia de Dios en su vida, hasta llegar a comprender que el Señor le va regalando más vida. El Señor le da fe en la Iglesia, en la Eucaristía, que se da a la comunidad de hermanos; ponto de unidad con Dios y los hermanos que sólo la Iglesia puede administrar.



La fe de San Francisco es un regalo Dios, Dios le dio y sigue dando (Test 6), una fe que se nutre de tantas fuentes, pero que sólo puede vivirla en Iglesia. San Francisco se convierte así en el testigo que hace patente la presencia de Dios entre los hombres y la necesidad de una acogida fiel que le devuelva el gozo de sentirse amado hasta el infinito. El testimonio de su fe es creíble porque va acompañado por la prueba de que la humanidad florece allí donde el hombre se atreve a consentir que el Dios vivo se haga presente en su vida.


En el origen y trayecto del camino espiritual de Francisco, como en toda espiritualidad cristiana, aparece el dinamismo del Espíritu del Señor que provoca la apertura a su gracia y la estructuración de la propia vida de acuerdo con la imagen de Dios que se le hace presente (Test 1). Si Francisco llegó a cristalizar con originalidad un modo de existencia cristiana dentro de la Iglesia fue porque experimentó también a Dios de una forma original, desencadenando una serie de actitudes y formas de vivir el Evangelio que sirvieron de estímulo clarificador para muchos creyentes a la hora de plantearse con seriedad su fe.



Sin embargo, no basta con reconocer la importancia que tiene Dios en la espiritualidad de Francisco; pues, aun aceptando que se trata de un tema matriz, se puede abordar de un modo positivista, sin relacionarlo con el contexto vital que le da sentido y en el que se manifiesta su fecundidad. Es decir, que para recuperar la importancia que tuvo Dios en la vida de Francisco no basta una simple descripción de conceptos sacados de sus Escritos, sino que es necesaria una relectura que nos devuelva los significados que para él eran evidentes y que para nosotros, dadas las transformaciones de la sociedad, han perdido su transparencia.



De todos modos, la imagen de Dios que se forma Francisco no nos interesa tanto por su originalidad conceptual cuanto por su dinamismo, capaz de originar un nuevo modo de vida que se convierte en transparencia de lo que es y significa Dios para el creyente responsable de su fe. Por eso, más que las ideas que nos pueda proporcionar su pensamiento, nos interesan las actitudes que es capaz de desencadenar, ya que la imagen experiencial que tiene es la de un Dios ejemplar que motiva y empuja a hacer historia en la propia vida, y a través de mediaciones, lo que descubrimos al encontrarnos con Él.



¿No es esta tal vez una imagen de la problemática de nuestro ser iluminado? En las cosas materiales sabemos y podemos increíblemente tanto;pero en todo lo que va más allá de esto, Dios y el bien, no alcanza más a responsabilizarnos. Por esto es la fe, que nos muestra la luz de Dios, la verdadera iluminación, esa es una irrupción de la luz de Dios en nuestro mundo, una apertura de nuestros ojos para la verdadera luz.



Via: Capuchinos Mexico
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