EL CULTO Y LAS IMAGENES.

EL CULTO Y LAS IMAGENES.
Por el P. Amatulli.


A veces se oye decir: «¿Para qué sirven las velas y veladoras?», «¿Por qué ustedes adoran los santos?»; «Ustedes son idólatras, porque adoran las imágenes».
Para poder contestar a estas objeciones, es muy importante aclarar todo lo que se refiere al «Culto», teniendo en cuenta lo que dice la Biblia.
NOCIONES GENERALES
Antes que nada, vamos a aclarar los términos y conceptos generales que se refieren al culto.
- Culto
Es el conjunto de actos con que se tributa un homenaje de honor, cariño y respeto hacia una persona o cosa.
- Culto privado
Se llama privado el culto que es realizado por gente particular.
- Culto público
Se llama público el culto que es realizado por una comunidad, como tal.
- Culto civil
Se llama civil el culto que es dirigido a todo lo que está relacionado con la humanidad, la patria, el grupo social o la familia (Ejemplo: La abuelita difunta, que se recuerda cada año con ceremonias especiales el día dos de Noviembre o el aniversario de su muerte; los hombres ilustres, los héroes...) y a todo lo que lo simboliza (La bandera simboliza la patria) o representa (la fotografía representa a la abuelita difunta; el monumento representa a Benito Juárez).
- Culto religioso
Se llama religioso el culto que es dirigido a Dios y a las personas (Ejemplo: los ángeles y los santos) o cosas (Ejemplo: La cruz, imágenes, etc.), relacionadas con Dios.
- Culto relativo
Se llama relativo el culto que se dirige directamente a un objeto, pero termina en la persona o cosa que el objeto simboliza o representa. Por ejemplo, cuando se rinde homenaje a la bandera o al monumento de Benito Juárez, se quiere honrar a la patria y al Benemérito de las América, representados en la bandera o el monumento. Cualquier culto que se tributa a los símbolos (por ejemplo la bandera, la columna de la independencia, etc.) a las fotografías, imágenes, esculturas o reliquias (objetos relacionados con Cristo, la Virgen y los santos), es relativo.
- Culto Absoluto
Se llama absoluto (= libre de lazos = directo) el culto que se dirige directamente y termina en la persona o cosa que se quiere honrar. Es el culto que se refiere directamente a Dios, a la Virgen, a los ángeles, a los santos, a los seres queridos, a la patria, etc.


El culto se divide en tres clases:
• Culto de Latría o Adoración
Es el culto que se debe solamente a Dios, porque solamente Dios es principio y fin de todo lo que existe. En realidad, adorar significa reconocer a alguien o algo como ser supremo, y por lo tanto aceptar su dominio total y absoluto y amar sobre todas las cosas. Y esto es posible solamente con Dios.
• Culto de Dulía o Veneración
Es el culto que se da a los ángeles y santos. En realidad, venerar no es lo mismo que adorar. Venerar significa respetar y honrar por algún motivo especial.
Si se trata de culto religioso, se habla indistintamente de culto «dulía» o «veneración» y se refiere a los ángeles y a los santos.
Si se trata de culto civil (héroes de la Patria, seres queridos, hombres eminentes en las artes, la ciencia, etc.), se habla solamente de veneración y no de dulía.
• Culto de Hiperdulía
o Veneración Especial
Es el culto que se da solamente a la Virgen María, por ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Salvador y Señor. Por esta razón, María tiene un lugar especial entre todos los ángeles y santos.
De hoy en adelante todas las generaciones
me llamarán bienaventurada (Lc 1,48).


EL CULTO EN LA BIBLIA
Adoración
Por lo que se refiere al culto de adoración, que se debe solamente a Dios, no hay ninguna duda: «Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás» (Mt 4,10). En esto estamos de acuerdo todos.
Veneración
Donde no estamos de acuerdo, es en el culto de veneración, que los grupos sectarios niegan completamente, diciendo que todo culto es adoración.
Pues bien, ¿en qué nos basamos nosotros católicos para admitir un culto de veneración, distinto del culto de adoración? En la misma Biblia. En realidad, la Biblia nos presenta un respeto especial, hacia todo lo que está relacionado con Él (ángeles, santos, sacerdotes, templo, etc.), y esto es precisamente lo que llamamos culto de veneración
a) ÁNGELES
Son espíritus que desde un principio se mantuvieron fieles a Dios y siguen estando a su servicio como sus mensajeros para realizar alguna misión en favor de los hombres (Tob 5,4; Mt 1,20; Lc 1,26; Hech 8,26; 10,3; 12,7ss., etc.). Por lo tanto merecen un honor especial.
Sucedió que Josué, estando por los alrededores de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre delante de sí con la espada desenvainada. Se dirigió a él y le dijo. «¿Eres tú de los nuestros o de los enemigos?» El hombre respondió: «No, soy el jefe del ejército de Yahvé y acabo de llegar». Josué se postró en tierra y dijo: «¿Qué ordena mi Señor a su servidor?». El jefe del ejército de Yahvé le dijo, «Quítate el calzado de tus pies; el lugar que pisas es santo». Así lo hizo Josué (Jos 5,13-15).
«Dios me ha enviado para sanarte a ti y a tu nuera. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que tienen entrada a la Gloria del Señor». Temblaron entonces y los dos cayeron con el rostro en tierra, llenos de terror (Tob 12,15-16).
Postrarse, quitarse el calzado, caer con el rostro en tierra, etc. son signos de respeto o veneración.
b) HÉROES Y SANTOS DEL PUEBLO DE DIOS
En muchas partes del Antiguo y Nuevo Testamento encontramos alabanzas dirigidas hacia ciertos personajes de la antigüedad famosos por su heroísmo, sabiduría o santidad (Sab 10; Sir 44-50; Heb 11).
Que sus huesos reflorezcan en sus tumbas, que sus nombres se renueven convenientemente en los hijos de estos hombres ilustres (Sir 46,12).
El Señor le perdonó sus faltas (al rey David) y lo destacó para siempre (Sir 47,11a).
Elías, ¡Qué glorioso fuiste en tus portentos!, ¿Quién puede gloriarse de ser igual a ti? (Sir 48,4).
Con referencia a los Doce Profetas, que sus huesos reflorezcan en sus tumbas por haber consolado a Jacob (Sir 49,10a).
Ellos, gracias a la fe, sometieron países, establecieron la justicia, vieron realizarse las promesas de Dios, cerraron los hocicos a los leones. Otros murieron apaleados y no aceptaron la transacción que los hubiera rescatado, porque preferían alcanzar la resurrección. Otros sufrieron la prueba de la burla y los azotes, y hasta de las cadenas y de la cárcel. Fueron apedreados, torturados, aserruchados, murieron a espada, fueron errantes de una a otra parte, sin otro vestido que pieles de cordero y de cabras, faltos de todo, oprimidos, maltratados (Heb 11,33.35b-37).
Después de muertos, siguen actuando en beneficio del pueblo, por el cual entregaron su vida.
Aún después de muerto, (Samuel) profetizó para anunciar su fin al rey; desde el seno de la tierra levantó su voz para profetizar y para borrar la iniquidad del pueblo (Sir 46,20).
Nada fue imposible para él (Elías) y hasta en el sueño de la muerte hizo obra de profeta. En vida hizo prodigios, y después de muerto, obras maravillosas (Sir 48,13-14).
Por lo tanto, se puede pedir su intercesión y ellos pueden intervenir en favor de los que viven.
Padre Abraharn, ten piedad de mí y manda a Lázaro que se moje la punta de un dedo para que me refresque la lengua, porque estas llamas me atormentan. (...) Te ruego, Padre, que mandes a Lázaro a mis familiares, donde están mis cinco hermanos, para que les advierta, y no vengan también a este lugar de tormento (Lc 16, 24.27-28).
c) LUGARES SAGRADOS
Son los lugares donde se realiza una intervención o manifestación de parte de Dios. Pues bien, merecen un respeto (=veneración) especial.
Despertó Jacob de su sueño y dijo: Yahvé está realmente en este lugar y yo no lo sabía... qué terrible es este lugar: no es nada menos que una casa de Dios y la Puerta del cielo (Gén 28,16-17).
Yahvé le dijo: No te acerques más. Sácate tus sandalias porque el lugar que pisas, es tierra sagrada (Ex 3,5).
Quítate el calzado de tus pies; el lugar que pisas es santo (Jos 5,15).
De una manera especial son lugares sagrados el tabernáculo y el Templo de Jerusalén, aparte de ciertos santuarios locales (Jue 17,5; 18,31; Jn 4,20).
Me harán un tabernáculo para que yo habite en medio de ellos (Ex 25,8).
Cuando Salomón acabó de rezar, bajó fuego del cielo que devoró el holocausto y los sacrificios, mientras la Gloria de Yahvé llenó el Templo (2Cro 7,1 -2).
En el Nuevo Testamento se distingue entre las casas particulares, y las casas donde se realiza la «Fracción del pan», el centro del culto de la Nueva Alianza.
¿No tienen casas para comer y beber?, ¿O es que desprecian a la Iglesia de Dios y quieren avergonzar a los que no tienen? (1Cor 11,22).
d) OBJETOS SAGRADOS
El más importante es el Arca de la Alianza, donde Moisés depositó las tablas de la ley (Ex 25,10).
Otros objetos sagrados son el Altar (Ex 27,1-2) y la Pila de Bronce para las abluciones (Ex 30,17-21).
El altar será cosa sacratísima; todo cuanto toque el altar, quedará consagrado (Ex 29,37b).
Siguen los vestidos y todo cuanto los sacerdotes usan en el culto.
Lo revistió (a Aarón) de un vestido sagrado de oro
(Sir 45,10; Cf. Ex 28,2).
El propio Moisés lo consagró
y lo ungió con el aceite bendito (Sir 45,15a).
e) TIEMPOS SAGRADOS
Antes que nada, los israelitas consideraban sagrados el séptimo día (Ex 23,12), el séptimo año (Ex 23,10-1l) y el año jubilar (año cincuenta: Lev 25,8-19).
Después, celebraban tres grandes fiestas cada año: la fiesta de los ázimos, para recordar la salida de Egipto; la fiesta de la siega de los primeros frutos y la siega de los últimos frutos (Ex 23,14-17).
En el Nuevo Testamento, que empieza con la muerte y resurrección de Cristo, encontramos como día especial para la reunión de los cristianos el día primero de la semana, para recordar la Resurrección del Señor (1Cor 16,2; Hech 20,7). Poco a poco también el Nuevo Pueblo de Dios se fue estableciendo sus fiestas, a imitación del Antiguo Pueblo de Israel (Pascua, Pentecostés, Navidad, etc.).
f) PERSONAS SAGRADAS
Son los sacerdotes, por estar consagrados al servicio de Dios en el culto, y los reyes, por ser sus representantes en la guía del pueblo. Por eso son ungidos con aceite (Lev 8,12.30; 1Sam 10,1) y merecen un respeto especial.
(Dios) revistió a Aarón de un honor altísimo (Sir 45,8).
¿Cómo te atreviste a alzar tu mano para matar al rey
que Yahvé había consagrado? (2Sam 1,14).
g) ACCIONES SAGRADAS
Representan el centro del culto en el Antiguo y el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, se dividían en oblaciones y sacrificios.
Las oblaciones consistían en flor de harina, pan, espigas, aceite, vino, incienso, etc. (Lev 2,1-16). Los sacrificios consistían en animales que se mataban en honor de Dios (Lev 1,3-7) y aquella parte de las oblaciones que era quemada (Lev 2,29.13-16).
Esta víctima es cosa muy santa (Lev 7,1b).
En el Nuevo Testamento encontramos la Cena del Señor y su repetición, según la orden de Cristo.
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la Fracción del pan y a las oraciones (Hech 2,42).
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es una comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? (1Cor 10,16).
Yo recibí del Señor mismo lo que a mi vez les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, y después de dar gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado. De la misma manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía».
Así pues, cada vez que comen de este pan y beben de la copa, están anunciando la muerte del Señor hasta que venga. Por lo tanto, si alguien come del pan y bebe de la copa del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Por eso, que cada uno examine su conciencia, cuando va a comer del pan y a beber de la copa. De otra manera, come y bebe su propia condenación al no reconocer al cuerpo (1Cor 11,23-29).


ENSEÑANZA DE LA IGLESIA
La enseñanza de la Iglesia Católica está perfectamente de acuerdo con el dato bíblico.
Culto a las imágenes
Es un culto de veneración y no de adoración. Además es un culto relativo: el honor va a los seres representados en las imágenes, esculturas o pinturas. Por esta razón, están equivocados los que acusan a los católicos de ser idólatras. Nosotros no adoramos a los ángeles y los santos, ni sus representaciones. Tenemos las imágenes y las reliquias (algo relacionado con Cristo y los santos: cruz, partes del cuerpo de los santos, objetos que usaron, etc.), como algo sagrado, que merece respeto y cariño. No pensamos que tengan algún poder especial.
«Como si continuáramos el camino regio, y siguiendo el magisterio divinamente inspirado de nuestros santos Padres y la Tradición de la Iglesia Católica, definimos con toda certeza y diligencia que así como la figura de la preciosa y vivificadora cruz, así también las venerables y santas imágenes ya sean de colores y pinceles, como de otro material, decentemente se propongan en las santas Iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en las paredes y retablos, en las casas y en los caminos: a saber, tanto las imágenes de nuestro Dios, Señor y Salvador Jesucristo, como de la Inmaculada Señora Nuestra, Santa Madre de Dios, de los honorables ángeles y de todos los santos junto con los varones ilustres.
Los que contemplan estas imágenes, más rápidamente se elevan a recordar y desear a quienes representan, y a besar con veneración no de latría, que solamente a la naturaleza divina se debe dar... el honor a las imágenes pasa a los que se representan. Así se refuerza la doctrina de nuestros santos Padres, la Tradición de la santa Católica Iglesia...» (II Concilio Ecuménico de Nicea: 24 de septiembre-23 de octubre del año 787).
Como se ve, podemos tener imágenes de Cristo, la Virgen, los santos y los varones ilustres, es decir personajes que hicieron algo en favor de la humanidad por lo cual merecen el respeto de todos. Las tenemos para recordar a las personas que representan y manifestar hacia ellas nuestro cariño (= veneración).
«El sagrado Concilio manda... que además las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los santos, se conserven principalmente en los templos y se les tribute el debido honor y veneración, no porque se crea que en ellas resida alguna divinidad o poder, por lo cual deba dárseles culto, o que a ellos haya que pedirles algo, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que a ellas se les rinda se refiere a las personas que ellas representan: de tal modo que a través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación tienen ellas, veneramos» (Concilio Ecuménico de Trento: 3 de diciembre de 1563).


Con esto queda aclarada la doctrina Católica con relación al culto que se debe a las imágenes, que no es de adoración, sino de simple veneración o respeto, como se hace con la fotografía de la abuelita difunta, el monumento a un héroe, etc. En efecto, si rendimos homenaje a ciertos objetos que nos recuerdan a la Patria (la bandera), a un héroe (monumento a Emiliano Zapata) y a un ser querido (retrato o carta de la mamá difunta), ¿por qué no podemos hacerlo con todo lo que nos recuerda a Dios, a la Virgen, a los ángeles y los santos? Viendo estos objetos, nos acordamos de las personas que representan y tratamos de conformar nuestra conducta a sus enseñanzas y ejemplos.


Además, es muy importante subrayar que cualquier acto de homenaje que se rinda a estos objetos, va a las personas representadas o simbolizadas en ellos (la cruz simboliza a Cristo que murió en ella).
Claro que si alguien cree que alguna imagen o estatua tiene algún poder especial y le pide algún favor, se está portando mal. Una cosa es pedir a Dios delante de una imagen y otra cosa es pedir a la imagen.

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